domingo, 21 de noviembre de 2021

CIUDADANÍA A FINES DEL S. XIX

 Las ideas y la política

 Alonso Paula[1], Sábato Hilda[2] y Herrera Claudia[3] tienen en común el análisis de los mecanismos políticos implementados por la elite para beneficiar sus intereses y comprender los modos de participación política de los sectores populares, principalmente la de los inmigrantes. Se analizan las relaciones de parentesco y las redes de relaciones que se tejían tanto en el ámbito de la esfera “privada” como “pública”, cuestiones importantes para las decisiones políticas a nivel institucional.

P. Alonso, analiza el funcionamiento interno del PAN (Partido Autonomista Nacional) entre 1880 y 1892, definido como un gobierno de electores, un sistema de representación invertida, elitista, en donde el poder de la elección se asentaba en los gobiernos y no en el pueblo. El PAN era un sistema informal de vínculos entre distintos líderes provinciales y nacionales, que tenían una importante red de relaciones de gran flexibilidad y perdurabilidad que les permitía adaptarse a los cambios de situación, eran coaliciones o ligas, cada una de las cuales aspiraba a dominar la política nacional con vistas a la siguiente elección a través de alianzas frágiles que respondían a liderazgos personales y tenían como base “cálculos numéricos de suma de poder” buscando conocer cuántos eran los apoyos que se podían recolectar y cuáles eran las posibilidades de ganar la contienda. La selección del candidato presidencial dentro del PAN se constituía en un proceso furtivo, “resistente al escrutinio público”, que incluía transacciones y arreglos celebrados en los “jardines secretos de la política”. Esas negociaciones privadas, por otra parte, tenían su contracara en las batallas periodísticas que se libraban para legitimar públicamente las posiciones y el accionar de los distintos actores.

En algunas provincias, el clan familiar era la base de la construcción del poder político, el gobernador, junto a su círculo íntimo, se posicionaba gradualmente como los grandes electores de su provincia, y al final de su período, se aseguraban de dejar en su puesto a un sucesor amigo mientras pasaban a ocupar una banca en el Senado nacional, desde la cual tejían las conexiones entre la política nacional y la provincial. P. Alonso señala que la prensa escrita fue un importante instrumento de legitimación política y transmisión de ideas de la elite tales como el diario La Nación y La Prensa, a través de los cuales se realizaba presión política, transmisión de ideas e intereses.

Claudia Herrera[4] analiza cómo las élites debieron legitimar su poder e instauraron una cultura política de “elecciones” manipuladas y pactadas, asentadas en lealtades personales, centradas en el clientelismo y en mecanismos informales de reciprocidad. Las élites buscaron instrumentar una serie de novedades ligadas al nuevo sistema político y de valores, pero sin una ruptura de los lazos personales de Antiguo Régimen y estaba ligada a las actividades azucarera y agro-ganadería. Esta elite acumuló grandes capitales y manejó la economía tucumana, caracterizándose por una división de tareas:  unos miembros se dedicaban a la política en el ámbito provincial para enriquecer el patrimonio familiar y otros gestionaban mejoras para la provincia, las redes de parentesco fueron importante a nivel económico, político, para los sectores populares y los inmigrantes. La autora, a través del análisis de 24 familias, comprueba de qué manera a la influencia política y al poder económico se suma el tercer factor, el “capital relacional” de una densa red de parentesco con múltiples vinculaciones en su seno, para configurar la élite tucumana. Hubo una estrecha relación entre las familias propietarias de ingenios y las familias con poder político, se habla así de una “reciprocidad intraelitaria” (de la elite azucarera) ligada a la construcción del Estado. Referentes de esta reciprocidad son Nicolás Avellaneda y Uladislao Frías, que llegaron a la presidencia gracias a este “capital relacional”, y que da cuenta de cómo el campo político estaba atravesado por las negociaciones privadas. Para Herrera, la Argentina se construyó sobre un régimen Liberal-Oligárquico basado en el clientelismo. Señala que, en el caso tucumano, la elite era dinámica, abierta a grupos extranjeros y  poseía actitudes empresariales que le permitieron dar el salto desde lo mercantil a lo industrial.

H. Sábato, por su parte, analiza el papel que tuvieron las practicas electorales y la participación política en la Provincia de Buenos Aires (de 1850 a 1880). Contrariamente a lo sostenido por la interpretación tradicional, que se refiere vagamente a las minorías privilegiadas como protagonistas de las jornadas electorales, las fuentes sugieren que no eran principalmente los ricos, los burgueses, los profesionales o los comerciantes los que iban a votar, sino más bien los jornaleros y peones del ferrocarril, de la aduana, de la municipalidad o de los corrales. Además, no se los consideraba como ciudadanos sino como integrantes de una fuerza colectiva.  Las elecciones, sin embargo, no dejaba de ser un medio de legitimación de la elite basadas en “clientelas políticas”, tanto el autonomismo como el nacionalismo se disputaban estas clientelas, y poseían “cabezas partidarias” que construían esa clientela a partir de ciertos favores o reparto de cargos públicos, de esa manera iban tejiendo las relaciones políticas. Por este motivo, la autora caracteriza la esfera de participación como burguesa, ya que su conformación estuvo en manos de sectores de la burguesía de la ciudad con capacidad de movilizar y atraer a otros sectores de la sociedad, a una franja que excluía a los muy ricos y los muy pobres.

La prensa jugaba un papel muy importante para las elites como para los demás sectores, incluso las colectividades de distintos sectores inmigrantes tenían su propia prensa donde podían publicar sus opiniones y reivindicaciones y tenían el poder de movilizar a otros sectores sociales. En Buenos Aires, la organización de las instituciones, que formaban parte de la esfera pública, estuvo en manos de elementos burgueses y pequeños burgueses que atrajeron a otros sectores de la sociedad. Por este motivo, la elite reconocía la importancia política que implicaba escuchar y dar respuesta a esta esfera pública en desarrollo.

Respecto a la ciudadanía, H. Sábato, plantea que, por primera vez, se cuestiona el tema de los alcances de los sufragios y se crearon propuestas para restringir el voto en base a requisitos de propiedad y calificación, pero el voto siguió siendo universal (masculino) y no obligatorio. ¿Quiénes debían votar? fue la pregunta que desafió al sistema, según la autora es el interrogante por quiénes deben ser considerados ciudadanos y quiénes no. El voto obligatorio fue el punto de partida para la construcción de una ciudadanía política, de allí en más, todos los hombres adultos argentinos habrían de formar el cuerpo soberano de la república.

 



[1] Alonso Paula, Jardines secretos, legitimaciones públicas. El Partido Autonomista Nacional y la política argentina de fines del siglo XIX, Buenos Aires: Edhasa, 2010, Introducción y  Cap. I

[2] Sábato Hilda, "Ciudadanía, participación política y la formación de la esfera pública en Buenos Aires, 1850-1880," Entrepasados IV, 6 (principios de 1994): 65-86.

[3]  Claudia Elina Herrera. Redes de parentesco, azúcar y poder: la élite azucarera tucumana en la segunda mitad del siglo XIX. X Jornadas Interescuelas/Departamentos de Historia. Escuela de Historia de la Facultad de Humanidades y Artes, Universidad Nacional del Rosario. Disponible en línea: https://cdsa.aacademica.org/000-006/50.pdf

[4] Claudia Elina Herrera: Op. Cit 

De la Restauración Conservadora al Primer Peronismo (1930-1955)

PERÍODO DE ENTREGUERRAS

En este apartado se abordarán distintos autores que contemplan el denominado “Periodo de Entreguerras”. En un principio  contamos con Luis Alberto Romero[1] (2010) quien desarrolla distintos aspectos de la vida política, social y cultural desde el primer gobierno radical hasta el golpe de Estado producido por el GOU. Su mirada está atenta a reconocer el rol del Estado en relación a distintos actores políticos (ejercito, iglesia, sindicatos, empresas), el desarrollo de la economía nacional e internacional, cómo afectaron la primera y segunda guerra mundial y la difusión de ideologías en la conformación de propuestas políticas.



Para este historiador, el “Periodo de Entreguerras” involucra dos periodos denominados “Gobiernos Radicales 1916-1930” y “La Restauración Conservadora 1930-1946”. Del primer periodo se destaca una postura de neutralidad respecto a la primera guerra mundial y de hostilidad hacia EEUU, fue un periodo económico castigado por la inflación, salarios bajos, de grandes conflictos que fueron reprimidos por el Estado, como hecho histórico importantísimo menciona la Reforma universitaria a la par de otros conflictos que se dan en el Congreso, con intervenciones federales en provincias consideradas opositoras. El Estado realizó gastos sociales importantes y hubo una amplia distribución de empleos públicos. Si bien Yrigoyen asumió el liderazgo en el marco de las diferencias y desencuentros ideológicos entre personalistas y antipersonalistas, fue muy cuestionado por representar “los peores vicios de la democracia” (Pág. 43), era considerado un caudillo ignorante y demagogo.  Fue valioso la regulación del trabajo de niños y mujeres, se instaura el 1ro de mayo día del trabajador. La Sociedad Rural invitó ahora a restringir en general la presencia estadounidense en la economía, y lanzó la consigna de “comprar a quien nos compra", lo que implicaba defender las importaciones y las inversiones británicas y hacer pagar sus costos al conjunto de la sociedad. Se produce un desequilibrio en la balanza de pagos que se convierte en un problema insoluble.  En este periodo, Romero señala la importancia de la nacionalización del petróleo con la consigna de derrotar al “contubernio”, la bandera de la nacionalización coincidía con la prédica de los sectores militares preocupados por asegurar la autarquía del país respecto de los recursos estratégicos, se vinculaba con la nueva y fuerte hostilidad de los sectores terratenientes hacia Estados Unidos, a partir del conflicto de las carnes, y enraizaba finalmente en un sentimiento antiestadounidense de más larga data, que asociaba unívocamente la metrópoli del norte con el “imperialismo". El petróleo igual aparecía como la panacea que aseguraría la vuelta a la prosperidad, una Liga Republicana pedía reemplazar la democracia por la segura dirección de un jefe rodeado de una elite y legitimado plebiscitariamente, gracias a esto Yrigoyen obtuvo 60% de votos. Sin embargo, el radicalismo no logró desprenderse de los vicios del viejo régimen, hubo Inflación, reducción de salarios y despidos.

Durante “La restauración conservadora” los nacionalistas estaban orgullosos de su elitismo autoritario, reclamaban por la vuelta a una sociedad jerárquica, como la colonial, no contaminada por el liberalismo, organizada por un Estado corporativo y cimentada por un catolicismo integral. Estaban en contra de los radicales, atacaban al liberalismo y eran anticomunistas. En este contexto había que regular las altas finanzas y la explotación internacional a lo que se agregaba, para el gobierno la presencia de los comunistas, los extranjeros como causantes de la disgregación nacional, y también los judíos, unidos en una siniestra confabulación. Las movilizaciones sociales fueron escasas, la Depresión paralizaba la contestación, y las direcciones sindícales, escasamente identificadas con la institucionalidad democrática, habían hecho poco para defenderla. El Ejército se fue constituyendo en un nuevo actor político.

La Depresión, que se venía manifestando desde 1928, persistió hasta 1932, cesó el flujo de capitales, los precios internacionales de los productos agrícolas cayeron fuertemente, los ingresos del sector agrario y de la economía toda se contrajeron. El Estado se hizo de una importante masa de recursos, y sobre todo pudo decidir sobre su uso, decidió pagar la deuda externa, atender las importaciones esenciales y las remesas de las empresas de servicios públicos, como las ferroviarias. Para lograr el control de las finanzas, en 1935 se creó el Banco Central, cuya función principal era regular las fluctuaciones cíclicas de la masa monetaria, evitando tanto una excesiva holgura como la escasez, así como controlar la actividad de los bancos privados. El Estado fue asumiendo funciones mayores en la actividad económica, y paso de la simple regulación de la crisis a la definición de reglas de juego cada vez más amplias, según un modelo que teorizo J. Keynes y que empezaba a aplicarse en todo el mundo. El cierre creciente de la economía, los aranceles y la escasez de divisas creaban condiciones adecuadas para sustituir los bienes importados por otros producidos localmente, sobre todo si la producción no exigía una instalación fabril muy compleja o si ya existía una base industrial que podía ser utilizada con mayor intensidad. Así la sustitución de importaciones ofrecía el atractivo de un mercado existente y cautivo, y una ganancia rápida. El crecimiento industrial abrió un nuevo campo de negociación entre los sectores propietarios y el Estado.  La producción agrícola no decayó, pese al derrumbe de los precios, aunque la situación de los productores se deterioró sensiblemente, en especial la de los más pequeños, y se fueron delineando las condiciones del éxodo rural, visible luego del comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Se firma el tratado, firmado por Roca y el ministro británico Runciman, en la que se negocia las condiciones para la exportación de carnes, a la vez se estipuló un "tratamiento benévolo" para las empresas británicas en dificultades: las ferroviarias y las de transporte urbano. Pese a sus éxitos en lo económico, el régimen presidido por Justo fue visto como ilegitimo: fraudulento, corrupto y ajeno a los intereses nacionales. Si hasta 1935 el gobierno había avanzado sin grandes contratiempos, desde esa fecha se hicieron evidentes los signos de una creciente movilización social y política, se constituye la Federación Obrera Nacional de la Construcción, uno de los sindicatos más importantes y combativos del país. En 1936 se efectuaron muchas huelgas, al igual que en 1935 y 1937, coincidiendo con la reactivación económica. Las derechas habían convocado a un "frente nacional", contra el Frente Popular. La ley de residencia fue aplicada en 1937 contra los principales dirigentes de la construcción, comunistas de origen italiano deportados a la Italia fascista.

Se considera relevante el impacto de la Guerra Civil española al producir una clara delimitación en los campos de las ideas, para las derechas, la Guerra Civil integro a conservadores autoritarios, nacionalistas, filofascistas y católicos integristas en una común reacción contra el liberalismo democrático. En el campo contrario, se terminó de soldar el bloque de solidaridades que iba desde el radicalismo hasta el comunismo, pasando por socialistas, demoprogresistas, los estudiantes de la Federación Universitaria, los dirigentes sindicales agrupados en la CGT y un vasto sector de opinión independiente y progresista, que también incluía figuras del liberalismo conservador.

Desde 1933, la recuperación económica y la reorientación industrial empezaron a hacerse notar. Entre las organizaciones gremiales seguían dominando los grandes sindicatos del transporte y los servicios: la poderosa Unión Ferroviaria, la Fraternidad, de los maquinistas de trenes, la Unión Tranviaria, los municipales, los empleados de comercio. Pero poco a poco fueron creciendo los grupos de trabajadores de las nuevas industrias manufactureras o de la construcción; allí los dirigentes comunistas tuvieron éxito en organizar sindicatos que agruparan los antiguos oficios por ramas de industria: metalúrgicos, textiles, madereros, alimentarios -entre los cuales dominaban los trabajadores de la carne- y sobre todo obreros de la construcción. Con más de cincuenta mil afiliados, la Federación Obrera Nacional de la Construcción era hacia 1940 el segundo sindicato, detrás de la Unión Ferroviaria, que rondaba los cien mil. El Estado no ignoro ni los reclamos ni la importancia de este actor social. Por otra parte, el Estado descalificó a los partidos políticos y del mismo sistema representativo: mientras la política quedaba asociada con el fraude, el Estado encaraba la negociación de las cuestiones de gobierno directamente con los distintos actores de la sociedad -los sindicatos, los empresarios, las Fuerzas Armadas, la Iglesia y hasta las asociaciones civiles- ignorando al Congreso y a los partidos políticos.

El impacto de la guerra mundial, afectó las relaciones comerciales y económicas con Gran Bretaña y Estados Unidos. El progresivo cierre de los mercados europeos -provocado por los triunfos alemanes- redujo las exportaciones agrícolas, pero en cambio aumentaron mucho las ventas de carne a Gran Bretaña, tanto enfriada como congelada. La Argentina empezó a tener con el Reino Unido un importante saldo a su favor, llegó a exportar a los países limítrofes productos industriales y empezó a tener saldos comerciales favorables, incluso con Estados Unidos.  La guerra impulsó la producción de equipamiento industrial y este, de insumos básicos. El ejército, desde 1941, y a través de la Dirección de Fabricaciones Militares, se dedicó a promover industrias, como la del acero, que juzgaban tan "natural" como la alimentaria, e indispensable para garantizar la autarquía. En 1943 se produce, por segunda vez, la interrupción del orden constitucional por parte del ejército, liderado por el GOU, se depone a Castillo y se nombra al General Ramírez como presidente.

Otro texto significativo para este periodo proviene del análisis que realiza Roy Hora[2] (2018) respecto al modo en que Tulio Halperin Donghi abordó la historia política argentina del período 1916-1943. Al respecto cabe destacar lo siguiente:

Halperin Donghi a través de sus distintos escritos busca entender aspectos centrales de la historia política desde la mirada de las elites letradas o figuras poderosas y polifacéticas tales como legisladores a la vez que literatos, políticos y también hombres de cultura, esto implica que clases populares y los intereses organizados desempeñan un papel secundario su abordaje. Al año 1930 la define como la reconstitución del dominio oligárquico, involución económica y retroceso social apelando a la expresión de “restauración conservadora” identificada con una debilidad de todas las expresiones políticas que no son expresión de las clases privilegiadas tradicionales. En esa sociedad pasiva y reprimida, el grupo gobernante creó instituciones y puso en marcha iniciativas que le dieron un cariz más moderno y transformador a la gestión económica. Tanto la producción manufacturera y la creciente gravitación del trabajo organizado son entendidos como el producto del aislamiento nacido tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Su hipótesis es que la Argentina pudo transformarse gracias a los logros sociales del proyecto liberal puesto en marcha en tiempos de Sarmiento, Mitre y Roca.

A diferencia de las visiones que subrayan las continuidades con el orden político oligárquico –ya sea por la pervivencia de redes de autoridad y formas políticas clientelistas o por la persistencia de prácticas de manipulación del sufragio–, Halperin Donghi enfatiza los aspectos novedosos del escenario democrático. Factores tales como el cambio de escala en la competencia electoral, la incertidumbre sobre sus resultados, la mayor autonomía de los votantes, la forja de sólidas identidades políticas en las clases populares, la emergencia de nuevos actores en la vida pública, el cambio en las estrategias proselitistas y la renovación de los grupos dirigentes, dibujan un panorama bien distinto al prevaleciente hasta 1912-1916.  Tras el análisis de toda una serie de procesos y actores que dan cuenta de la expansión del universo de ideas –que va desde el ascenso de la izquierda que se inspira en la Revolución Rusa a la consolidación de una nueva derecha antiliberal– Halperin Donghi subraya la persistencia de los ideales nacidos durante el período de la Organización Nacional. Pese a muchas novedades y movimientos en los márgenes, sugiere que la vida pública continuó girando en torno a una única tradición política, el liberalismo constitucional, y a un único ideal, la república democrática, para el autor tras el derrumbe de 1929-1932, la recuperación económica no sólo fue veloz sino también en gran medida liderada por el reverdecimiento del sector exportador. Halperin desplaza hacia el fondo del escenario a los conflictos y tensiones sociales (incluyendo su dimensión de clase) para enfatizar que los principales dilemas del período giran en torno a problemas específicamente políticos, entre las que por su importancia sobresale el referido a cómo y por qué la dirigencia conservadora se orientó por el camino del fraude y la falsificación institucional. En “La República imposible” desnaturaliza el fenómeno y se interroga por su historia y las razones que lo hicieron posible. Enfatiza las diferencias cualitativas con formas anteriores de la prepotencia electoral y explica su trayectoria y la del ilegítimo régimen que marcó la política de esa década: el problema del fraude debe ser entendido desde la vitalidad del ideario liberal heredado del siglo XIX, que imaginaba a la democracia no como un mero mecanismo para elegir autoridades sino como un proyecto a realizar, que requiere una ciudadanía educada, debe entenderse el dilema que la persistencia del poder electoral radical le planteaba a la heterogénea constelación política en el poder, que atiende a las disputas por la preeminencia política entre distintas facciones conservadoras y antipersonalistas.  Para el autor, hay una serie de puntos de continuidad que, en el plano de los modos de hacer política, en el de la concepción sobre el papel del Estado, y en el de los valores que ofrecían el horizonte hacia el que debía encaminarse la Argentina, unen al peronismo con experiencias políticas anteriores. Mucho antes que Perón, ya los liberales del siglo XIX habían concebido al Estado como un agente de cambio capaz de orientar la sociedad y moldearla desde la cumbre. También subrayó que el reformismo social ya ocupaba un lugar gravitante entre las ideas de la clase dirigente liberal de las primeras décadas del siglo. Desde entonces la preocupación por la justicia social formó parte de los denominadores comunes de un consenso progresista que comprendía desde el socialismo hasta los sectores más esclarecidos del conservadurismo.

En “La República imposible” Halperin señala que el grupo gobernante no fue consciente de la erosión que el edificio político sufrió como consecuencia de la violencia cotidiana que supuso la falsificación electoral sobre esa sociedad que, tras la democratización de 1916-1930, ya no podía ser devuelta a la condición de minoridad cívica que ella misma había aceptado sin grandes protestas en los tiempos de la república oligárquica. De allí que fueran los rasgos patológicos de un régimen fraudulento que sólo podía funcionar sobre la base de la prepotencia y el cinismo los que, en definitiva, explican el rechazo del movimiento popular nacido en 1945. A pesar de que, tras el derrumbe de 1930, la recuperación económica fue relativamente veloz y, para 1935, lo peor de la depresión había pasado, el fraude y los males a él asociados introdujeron una pausa entre los gobernantes y las mayorías que sólo pudo ser soldada con un nuevo contrato que no recogía sino jirones del anterior. Impugnado el legado acumulado desde el comienzo de la era constitucional, violentados los ideales que esas elites decían encarnar, los caminos del liberalismo, por una parte, y la política popular y el progresismo social, por la otra, terminaron apartándose, con gran daño también para el orden institucional cuando, como consecuencia de las profundas humillaciones que los grupos dirigentes de la república del fraude le infringieron al sector mayoritario de la población, el proyecto constitucional nacido en tiempos de Mitre y Sarmiento se convirtió en una cáscara vacía. Este fracaso dio forma al escenario de desapego ciudadano y hostilidad hacia las instituciones de la república liberal que, en claro contraste con lo que sucedió entre Urquiza e Yrigoyen, incidió directamente sobre su trayectoria posterior. Según Halperin en el medio siglo posterior a la década infame la Argentina experimentaría “varios otros modos de fracasar en el intento de vivir en democracia” y en cada uno de esos fracasos era todavía posible rastrear las huellas de los años que el país había vivido prisionero de una República imposible.

Así como Halperin Donghi explica la historia política de este periodo desde el ideario de las elites letradas, Hernán Camarero (2012) aporta al estudio de este pasado con su texto “Nuevas aproximaciones historiográficas sobre el vínculo entre el Partido Comunista y el movimiento obrero en la Argentina de entreguerras” desde la constitución del Partido Comunista (PC) debido a su extenso recorrido como fenómeno unitario por casi nueve décadas. También porque fue impulsor de la organización obrera industrial y codirección del sindicalismo hasta 1943, gravitó con fuerza en la conducción de algunas de las principales organizaciones estudiantiles durante varios períodos; tuvo una presencia activa en el mundo intelectual y cultural entre los años treinta y sesenta; y ejerció una influencia importante en experiencias barriales, cooperativas, femeninas, antiimperialistas y de derechos humanos. Para Camarero, además entre las décadas de 1920 y 1940, el PC se fue convirtiendo en la organización política de izquierda mejor implantada en el proletariado industrial del país, dirigiendo la mayor parte de los sindicatos únicos por rama de dicho sector y alcanzando una creciente preponderancia en la central obrera nacional, la CGT. Fue a partir de mediados de los años veinte cuando la inserción obrera de los comunistas pudo lograr un cambio debido a la “proletarización” y la “bolchevización” adoptada por el partido (que significó la transformación de su estructura en clave jerárquica, centralizada, monolítica y mayormente burocratizada, en sintonía con los postulados de una Comintern cada vez más dominada por el estalinismo). El PC fue organización política integrada mayoritariamente por obreros industriales, que buscó afanosamente poseer y conservar ese carácter. Camarero señala dos instrumentos innovadores que el PC creó o impulsó para promover la movilización y organización proletaria en el ámbito industrial fueron las células obreras partidarias por taller o fábrica y los sindicatos únicos por rama.

Durante el ciclo 1935-1943, bajo las presidencias de Justo, Ortiz y Castillo, las organizaciones dirigidas o influenciadas por los militantes del PC mantuvieron el curso combativo iniciado varios años antes, lo que se tradujo en la realización de múltiples huelgas violentas y masivas. El costo de esas acciones no fue menor: el PC siguió sufriendo una sistemática persecución estatal por parte de la Sección Especial de Represión del Comunismo. Cientos de sus adeptos fueron encarcelados, entre ellos, buena parte de los miembros del Comité Central, muchas veces, en lejanas prisiones del país. El partido fue declarado ilegal y hubo un proyecto en el Senado de la Nación para convertir esa persecución en ley.  Debido a la aplicación de la Ley de Residencia (Nº 4.144), varios de sus activistas extranjeros fueron deportados a sus países de origen, en los cuales había regímenes autoritarios. Muchos comunistas sufrieron sistemáticas torturas.  Para construir la trayectoria del PC se cuenta con las historias “institucionales”, centradas en la descripción de las políticas del PC, y en las vicisitudes de su aparato (como Esbozo de Historia del Partido Comunista de la Argentina. Bs. As., Anteo, 1947); la Historia del movimiento sindical (Bs. As., Fundamentos, 1973), de Rubens Iscaro, primera obra en abordar en forma sistemática la presencia del PC en el ámbito gremial; y múltiples biografías y autobiografías de militantes obreros. También se cuenta con la producción de Rodolfo Puiggrós, Historia crítica de los partidos políticos argentinos (1956) y Jorge Abelardo Ramos, El partido comunista en la política argentina (1962), fueron las obras paradigmáticas. Estos ensayos argumentaron que la presencia comunista en el proletariado fue insignificante o políticamente improductiva, debido a la impronta “antinacional” de ese partido (…) Este diagnóstico que descalificaba o prácticamente borraba la presencia comunista en el mundo del trabajo, en expansión al compás del proceso de industrialización por sustitución de importaciones, terminaría empalmando, involuntariamente, con algunos planteos que, hacia la misma época, presentaba la incipiente reflexión sociológica promovida por Gino Germani,  carente de toda empatía con el fenómeno populista (Política y sociedad en una época de transición. De la sociedad tradicional a la sociedad de masas, Bs. As., Paidós, 1974).

Desde distintos autores y bibliografía se busca recuperar la impronta del sindicato entre los trabajadores, desde distintos enfoques teóricos se incursiona sobre procesos históricos en los que los comunistas jugaron un papel decisivo: las huelgas de la construcción y general de 1935-1936, y los conflictos de los trabajadores de la carne de Berisso entre las décadas de 1920 y 1940. Camarero presenta un dossier, un conjunto de trabajos que abordan cuestiones específicas, en base al examen de una serie de fuentes primarias que hasta el momento permanecían inexploradas o con muy escaso tratamiento (Diego Ceruso, Marcos Schiavi, Claudia Santa Cruz, Andrés Gurbanov, Sebastián)

Para finalizar, se considera el trabajo de Mariana Becerra[3] que aborda los cuestionamientos a la maternalización de las mujeres durante las décadas de 1920 y 1930 en la Argentina, a través de las obras de la maestra, militante comunista, escritora y filósofa argentina Angélica Mendoza (1903-1960). Se trata de reconocer la configuración social y redes sociopolíticas particulares que habilitaron las voces críticas de algunas mujeres escritoras en aquellas décadas.

Angélica Mendoza, así como otras mujeres escritoras de la misma época estaban inscriptas en diversos partidos políticos o movimientos críticos del orden social establecido (comunismo, socialismo, anarquismo, feminismo) y plantearon distancias, desplazamientos y/o rupturas explícitas con diversos aspectos de las relaciones de género instituidas. Por esta razón, enfrentaron obstáculos materiales, legales, simbólicos, en sus casas, en sus trabajos, en las calles, en los partidos políticos, incluso los de izquierda. En este contexto, primero desde el partido comunista, y luego desde el partido comunista obrero, Angélica Mendoza disecciona no sólo la historia de “la esclavitud femenina” sino que cuestiona su naturalización, con sus expresiones específicas: la maternidad obligatoria y la condena social frente a la interrupción de los embarazos, la hipocresía que regía las relaciones entre los sexos en todos los ámbitos, el derecho patriarcal, la prostitución, la moralista literatura burguesa que presentaba una idealización del amor y que condenaba a las mujeres a un deber ser casto y puro hasta el matrimonio, la institución misma del matrimonio burgués defendiendo, en cambio, el amor libre y el placer sexual para las mujeres, entre otros tópicos. Algunas de sus críticas presentan gran afinidad con las de sus coetánexs anarquistas.  Se estudia su vida, su trabajo, ideología, el contexto, su relación con la sociedad Maestros Unidos, que fue el gremio fundado en Mendoza el 26 de abril de 1919 por las maestras que protagonizaron la huelga –Angélica Mendoza era su secretaria general e integraba la Comisión Directiva junto a Florencia Fossatti- fue el primer gremio docente que ingresó formalmente a una Central Obrera, la Federación Obrera Provincial (FOP), y por consiguiente, también a la Federación Obrera Regional Argentina.

Angélica Mendoza como maestra tuvo una intensa actividad política, contribuyendo activamente a formar el gremio docente mendocino, así como, poco después, ingresando orgánicamente a las filas partidarias en el Partido Socialista Internacional.  La escritura de su libro Cárcel de Mujeres (1933) busca denunciar la hipocresía de la moral burguesa frente a la realidad humana de la prostituta, los procedimientos policiales frente a las mujeres militantes de organismos de izquierda y revolucionarios, a las que no contentos con privárseles de la libertad, se las somete a un sistema de prisión infamante a fin de humillarlas y acobardarlas en la lucha. El periódico New York Times publicó una nota subrayando que A. Mendoza era la primera candidata mujer al cargo de presidente de la nación en la historia de la Argentina. En 1929, el Partido Comunista Obrero se disolvió, ella siguió activa, en 1933 publica un libro en el cual se presenta a sí misma (en el relato, ante sus compañeras reclusas) como “maestra y comunista”.

Entre los aportes de Angélica Mendoza está el análisis de la condición femenina –“la sujeción de la mujer al hombre”- atravesada por la clase social, por lo que las mujeres pobres son las más castigadas, sobre todo cuando además pasaron los 40 años, pues ya eran consideradas “viejas”. En sus palabras, la “esclavitud de todas las mujeres” se fundamenta precisamente sobre estos pilares: castidad para las mujeres “decentes” y su necesario complemento, la prostitución, que funge como “válvula de escape” para la sexualidad animal que les es permitida -y promovida- a los varones. A través de sus novelas Angélica Mendoza, hace una crítica implacable al imperativo moral de la castidad femenina. La crítica se dirige al cruel destino de las mujeres que siguen al pie de la letra los cánones de femineidad imperantes, especialmente el mandato de virginidad hasta el matrimonio, en contraste con los varones, que tenían permitido –y eran impulsados a- desplegar su sexualidad desde la adolescencia, asumiendo como natural la “doble moral”. Angélica Mendoza denuncia explícitamente la moral burguesa que anulaba el goce sexual para las mujeres, el disfrute de su sensualidad, y el placer de su propio cuerpo. también critica la versión idealizada del amor romántico, así como también la maternidad como destino obligatorio para las mujeres,

En línea con su coetánea Virginia Woolf, y más allá de “un cuarto propio”, Angélica Mendoza estaría sugiriendo “un cuerpo propio” para las mujeres: propone la interrupción del embarazo en caso de maternidades no deseadas, con el argumento de que la mujer debe conquistar el derecho de vivir y disfrutar su propia vida y su cuerpo. Así, plantea muy tempranamente que el goce sexual no debe ser legítimo sólo para los varones, y reclama el disfrute del propio cuerpo para todas las mujeres, ya sea en soledad como en compañía, aun cuando este tema no formaba parte de la agenda feminista. En el mismo sentido, plantea que las figuras de la “virgen” y la “prostituta” son las dos caras de la estructura de dominación de los varones sobre las mujeres. En su registro, que sigue la línea de Engels, este orden simbólico se articula con el modo de producción capitalista –que necesita garantizar la legitimidad de la herencia por medio del matrimonio-. Por ello, el título de su primera novela corta (1922) es “La venganza del sexo. Novela realista del amor en la naturaleza”, y señala que la narrativa romántica e idealista que exalta/denosta a la prostituta no hace más que remachar las cadenas de la subordinación de las mujeres. En particular, de aquellas con menos recursos económicos. Y a su vez, entre ellas, las mujeres de mayor edad son las más perjudicadas.

En su perspectiva este cruce entre sexo, clase y edad multiplica y especifica la subordinación de las mujeres a los varones en el sistema capitalista. En la obra de Angélica Mendoza se ven las diversas estrategias de filtración, resistencias y acomodaciones en un sistema de relaciones desiguales entre los sexos, donde las mujeres son subordinadas en las leyes y en la vida cotidiana. Esas estrategias constituyeron formas de supervivencia específicas para participar en espacios que entonces estaban reservados a los varones: la militancia gremial, y luego también partidaria, la dirección de un periódico político, la candidatura a presidente de la nación, la escritura sobre temas “no femeninos”, el estudio de la carrera de Filosofía, en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires en la década de 1930, y luego, en los años 40’, la realización de un doctorado en Filosofía en la Universidad de Columbia, en EEUU. A su vez, estas estrategias singulares –sostenidas en el tiempo a través de su autofiguración como maestra se inscriben en un campo específico de relaciones de poder, y permiten ubicarla en línea con otras escritoras –vinculadas de modos más o menos explícitos a las luchas feministas- de la misma época, como esas “otras intelectuales”. El análisis de la obra de Angélica Mendoza durante estas dos décadas indica que sus propuestas de emancipación sexual y social compatibilizaban en aspectos centrales con las “estructuras de sentimiento” de sus pares anarquistas. En este sentido, otra huella a seguir es si estas propuestas y críticas pioneras, más propias del ideario anarquista, fueron de algún modo resignificadas luego por militantes comunistas (además de Angélica Mendoza), y en ese caso, como se hizo posible.

RESEÑA DONNA J. GUY   

Donna J.GUY, Las mujeres y la construcción del Estado de Bienestar. Caridad y Creación de Derechos en Argentina, Bs.As., Prometeo Libros, 2011, pp.223- 272.   “6. En las encrucijadas del cambio”

Donna Guy es una historiadora estadounidense especialista en temas de historia argentina contemporánea. Sus obras incluyen: El sexo peligroso. La prostitución legal en Buenos Aires, 1875-1955 (1994); White slavery and mothers alive and dead; the troubled meeting of sex, gender public health and progress in Latin America (2000); entre otros



En el capítulo 6 titulado “En las encrucijadas del cambio” de libro Las mujeres y la construcción del Estado de Bienestar. Caridad y Creación de Derechos en Argentina, la autora explica como el peronismo se apropió de las problemáticas que venían planteándose de antes, y las adoptó como propias, asumiendo toda la gloria por estas reformas y desplazando la acción que feministas y filántropas venían desarrollando desde el siglo XIX. La presencia de Eva fue crucial porque permitió canalizar su apoyo al sufragio femenino y a la cuestión del bienestar infantil dentro del peronismo. Durante el primer peronismo (1946-1955), se llevaron adelante reformas sociales hasta 1950, entre los logros más notables figuran la sanción del sufragio femenino (1947), la promulgación de la nueva Constitución que estipulaba derechos sociales y políticos. En función de esto se analiza la hipótesis de que la Sociedad de Beneficencia iba a ser eliminada por el peronismo, lo cual no sucede porque esta organización, que era parte de la esfera de la filantropía que estaba dominada por mujeres, pasó a estar subsumida bajo un Estado de Bienestar de corte masculino. Con la reorganización burocrática que supuso la Revolución del 43 la Sociedad fue reubicada bajo la injerencia del Ministerio de Interior junto con todas las demás entidades y, luego, con la creación de la Dirección Nacional de la Salud Pública y la secretara de Trabajo y Previsión, esta Sociedad de Beneficencia debió rendir cuentas a dos organismos estatales a la vez.

D. Guy indica que hubo una clara intervención estatal y pedido de expansión de la política de subsidios del Estado a entidades predominantemente católicas de asistencia infantil en el Interior del país. En este sentido nace la fundación Eva Perón que disfrutaba de un apoyo público favorable y recibía generosos fondos del gobierno para la construcción de establecimientos asistenciales tales como los Hogares de Tránsito, hospitales, geriátricos y escuelas. La obra de la Fundación había sustituido a la vieja caridad, mientras la antigua beneficencia fue identificada como una empresa oligárquica, pero esta Sociedad de Beneficencia era un caso excepcional ya que ésta siempre había sido considerada por el gobierno como "parte de la administración pública" mientras que la Fundación Eva Perón, estuvo al margen de la supervisión gubernamental aun cuando se solventaba principalmente con fondos estatales. Eva nunca absorbió otros grupos asistenciales a su Fundación. En el largo plazo, la burocracia estatal ganó y tanto la Fundación. como la Sociedad de Beneficencia fueron integradas al Estado de Bienestar.

Otra política del Estado fue la protección de la maternidad e infancia, las leyes de adopción estaban orientadas a eliminar distinciones legales y sociales entre hijos legítimos e ilegítimos y había extendido la intervención estatal en los programas de bienestar social, se crearon burocracias nacionales que, en lugar de distribuir bienes y servicios basadas en la necesidad,  el suministro se basaba en  derechos y, por el otro lado, una política distributiva que favorecía con subsidios directos únicamente a los grupos que así lo solicitaran al Congreso. Los planes de bienestar social del peronismo alcanzaron un gran éxito y afectaron a todos los grupos filantrópicos privados, primero con el aumento masivo de los subsidios estatales y luego con su suspensión.  Respecto a la adopción de niños y niñas Perón tuvo una posición conservadora acerca de quiénes podían adoptar, la propuesta requería a los futuros padres adoptivos ser mayores de cuarenta y cinco años, no haber tenido hijos luego de diez años de matrimonio y no poseer ningún heredero legal al momento de la adopción. Sólo los huérfanos, los hijos ilegítimos no reconocidos por sus padres o los menores cuyos padres habían perdido la patria potestad podían ser elegidos para adopción.

La seguridad social incluía la protección a la maternidad mientras que una asistencia social complementaria preveía juzgados especializados para los menores y la construcción y remodelación de hogares para menores. Estas medidas se complementaban con la idea de una nueva familia peronista, que debían suministrar la columna vertebral social y política del Estado, pero esta construcción tiene raíces en una amalgama de planes de reformas del Código Civil ideados y realizados por grupos con tendencias conservadoras, feministas, socialistas y radicales. Cada ley peronista fue sancionada luego de años de debate y discusión. La denominación de peronistas no implicó que Perón inventase estas ideas, sino que los peronistas obtuvieron el número suficiente de votos a favor para aprobar esta legislación. A cambio, los representantes del partido en el Congreso buscaron identificar estas ideas con el peronismo.

En función de lo expuesto por la Donna Guy, se establece que el peronismo no implicó una ruptura respecto de las políticas que se venían discutiendo previamente en la arena política por distintos actores políticas, sino que representó una continuidad, más que continuidad una apropiación de ideas y propuestas que les fueron funcionales para mantener su hegemonía.



[1] Luis Alberto ROMERO, Breve Historia Contemporánea de la Argentina. 1916-2010, Bs. As, F.C.E., 2012

[2] Roy HORA, “¿Cómo pensó Tulio Halperín Donghi la política de entreguerras?”en : Estudios  Sociales Revista Universitaria Semestral, año XXVIII, no.54, Santa Fe , Argentina,  Universidad Nacional del Litoral, enero-junio 2018, pp. 15-41.

[3] https://ri.conicet.gov.ar/bitstream/handle/11336/121662/CONICET_Digital_Nro.ecbd1c13-f001-4b25-bc13-c90ce66ac32c_A.pdf?sequence=2&isAllowed=y

martes, 9 de noviembre de 2021

El Giro Digital en la Historia. Santul María

 A través de la red social Facebook se viene creando grupos, paginas, espacios que invitan a recuperar la memoria ya sea por medio de libros, fotografías, recortes de diarios, segmentos de entrevistas, documentales etc, que abordan relatos e historias locales a la cuales contribuyen distintos actores, en el caso “Recuerdos del valle inferior del Río Chubut” hay una serie importante de material histórico disponible y digitalizado que no pretende ser académico, sino simplemente ser una comunidad virtual con el objetivo de compartir recuerdos. El grupo seleccionado posee una gran cantidad de publicaciones desde el año 2009 y representa una opción importante de divulgación respecto a la identidad galesa, mayoritariamente, en la zona geográfica denominada “Valle inferior del Rio Chubut” haciéndose referencia a la ciudad de Gaiman, Dolavon, Rawson, Trelew, entre otras localidades cercanas.

La propuesta de compartir memorias en Facebook nos trae una serie de preguntas tales como ¿Qué es lo que se recuerda? ¿Qué actores se tienen en cuenta? ¿Quiénes son los que comparten? ¿hay disputas o tensiones en relación a esas memorias? ¿Qué criterios opera en cada publicación o en su mayoría? Estas preguntas acompañan un nuevo panorama en torno al modo de compartir información, esta vez de manera virtual y digital, en este sentido el trabajo del historiador/a exige considerar las nuevas fuentes, repensar ciertas lecturas que se dan en los comentarios o en las mismas publicaciones, sin dudas implican innovaciones teóricas y desafíos metodológicos, así como pensar otras maneras de divulgación del conocimiento histórico.

 

Aportes teóricos

Para Anaclet Pons (2017) la sociedad hoy es un archivo global, donde predomina el yo digital, inmerso en la red y con conexiones cuyo espacio es el telemático, con fuentes que se desentienden de las fronteras nacionales y establecen nuevas relaciones al margen de ellas. Además, estas redes, según Matilde Eiroa San Francisco (2020), actúan como nuevas formas de resistencia al olvido, internet soporta y circula ilimitados recursos necesarios para desarrollar con éxito cualquier tarea de indagación y descubrimiento. Hoy la sociedad digital se construye con webactores y prousers, es decir, personas y colectivos que son activos en la red y que asumen la función de productores y consumidores de contenidos, tienen perfiles diversos que contribuyen al concepto de cultura participativa, en la cual la audiencia se ha apoderado de las nuevas tecnologías, contribuye con la aportación de su conocimiento, hace de puente entre los viejos y los nuevos medios y demanda su derecho a participar en el ámbito económico, cultural o político. Desde una perspectiva que fomenta la historia desde abajo, es importante valorar el rol de lo que Bernhard y Kubik denominan “actores mnemónicos” o promotores de la actividad memorial y que, a través de la Web 2.0, transmiten mejor la cercanía, el detalle, el entorno, la proximidad del drama, las emociones y, por consiguiente, una visualización más humana, más próxima y concreta de la historia. Las redes son una herramienta de comunicación interactiva, intercomunitaria en donde se puede participar y contribuir, organizar, informar u opinar, construyendo un espacio social articulado alrededor de intereses comunes y conocimiento compartido, sin dejar de realizar un análisis crítico de la información como de la fiabilidad de la identidad de los productores y difusores de contenidos ya que es habitual la circulación de perfiles ficticios, falsos o automáticos, soslayando aquellos dedicados a la manipulación y la intoxicación.

Melo Florez (2010) señala que la red tiene como cualidad la vertiginosidad, la debilidad de la permanencia. La digitalización de la realidad material ha desplazado el archivo del historiador de la biblioteca a la Web lo cual hace que el laboratorio del historiador sea aún más vasto, pero no necesariamente más rico, igual la historia digital no sólo se define por las fuentes que utiliza, sino además por la relación misma con la tecnología informática, con las bases de datos y la hipertextualización. En tanto la lógica del libro exige una relación directa entre el autor del libro y el libro en sí, para la lógica del hipertexto el texto es la plataforma, y no importan solo los enlaces o vínculos textuales, sino además una relación directa como coeditor y coautor relativamente anónimo del lector con el texto. El lector puede, bien inscribir su contribución directa editando el texto como permite el modelo Wiki, o bien puede contribuir a cuestionar o validar un texto. De hecho, el sentido del hipertexto de la Web 2.0 es la escritura colectiva, el post, el tweet, el mensaje, están diseñados para que aquellos usuarios registrados dentro del sistema puedan aportar al texto en forma de comentario, o incluso con formas más simples haciendo clic en un botón que dice “me gusta” o “compartir.  De esta manera, Facebook permite el desarrollo de pequeños repositorios de documentos que pueden significar el rescate documental que permanece en los álbumes familiares, y que por el mismo sentido de la red social son compartidos por los usuarios, se trata de materiales son públicos que, con sólo unirse al grupo, se está al alcance de los objetos digitales que éste contiene, así como puede contribuir con el repositorio, ya que por lo general la acción del usuario va en un nivel multidimensional de interacción, donde puede consultar, descargar, etiquetar, contribuir, comentar, discutir, agregar enlaces, contactar usuarios, enviar mensajes colectivos, etc. Un grupo de Facebook puede ser un remedio para la escasez, pero así mismo estar en medio de la abundancia, donde la búsqueda en un mar de objetos digitales se vuelve cada vez más compleja. La historia digital no sólo propone un método, sino también un cambio drástico en la ciencia histórica para adaptarse a la memoria digital. Frente a la historia global surge la acumulación de historias locales que son historias subalternas, memorias ocultas y ocultadas. 

Para Noiret Serge (2018), la utilización de tecnologías Web 2.0 permite reactivar recuerdos comunitarios olvidados y de esa forma consolidar culturas del pasado en red. Compartir un conocimiento participativo crea conciencia pública sobre esos pasados en nuestro presente. Las actividades de crowdsourcing (colaboración masiva) son piezas fundamentales de la historia pública digital: todos trabajan con su pasado individual y recuerdos familiares, forjando conocimiento y nuevas formas de recordar. Las redes digitales son interfaces esenciales para mostrar públicamente lo que importa del pasado en las vidas públicas. Se trata de mantener el pasado vivo dentro de las comunidades, que crean una arqueología de los recuerdos en línea, a fin de mantener su historia en el presente a través de la participación pública directa en iniciativas culturales comunes.

El papel de los historiadores, en este contexto, es coordinar, filtrar o contextualizar el conocimiento del pasado disponible en internet, al igual que colaborar con la audiencia y crear nuevas formas profesionales de lograr hitos en historia digital. Se necesita tratar de forma crítica estos contenidos y, especialmente, las fuentes primarias digitales, verificar la procedencia, calidad y fiabilidad de las fuentes y proporcionar un análisis contextual. Los historiadores digitales deberían centrarse en el contenido de los documentos en sí, usando los metadatos consultables y descodificando el contexto de documentos e información únicos en internet y en las redes sociales, con un enfoque crítico. El giro digital obliga a entender cómo los documentos digitales se crean, cómo interpretar esos datos digitales como fuentes históricas. Se necesitan nuevas preguntas epistemológicas sobre la disponibilidad en línea de una enorme cantidad de información. Tanto Di Meglio y Adamovsky (2016) la divulgación debe ser una pata más del trabajo del historiador que implica una ética y la necesidad de no transformar al pasado, o a los muertos, en marionetas para decir sobre el pasado lo que queremos decir en el presente. Se trata de tener un compromiso ético con esos muertos y con las voces que nos llegan de ellos y no transformar sus voces en las nuestras.  Se trata de atender a la necesidad de participación de un amplio público, que aspira no solo a consultar, sino también a contribuir a la creación de contenidos colectivos en la red.

 

Facebook: Recuerdos del valle inferior del Rio Chubut[1]

Este grupo posee 13542 miembros, es un grupo público de Trelew (Chubut) creado el 01 de setiembre de 2009. Posee 3 administradores “Vistas del valle”, Osvaldo Guillermo Kexel, Raúl Horacio Comes Cutillo. Tiene 30 publicaciones del mes de octubre (hasta hoy 23), 65 del mes de setiembre,

El objetivo del grupo en el apartado “comunicados” se exponen las reglas del grupo: “No” publicar temas de actualidad porque es un grupo de recuerdos, al menos 20 años atrás. “No” temas políticos, “No” publicidad, “No” agresiones…”Yo entiendo qué hay temas muy calientes hoy en nuestra provincia que necesitan suma atención, pero este no es el lugar para tratarlos, no salirnos de la temática del grupo, sino pierde entidad.”

Es un grupo donde hay participación de los miembros ya sea a través de publicaciones, así como de comentarios. Se comparten distintas imágenes antiguas que generan y activan recuerdos que muchos comparten por vivir en las mismas localidades, unidas por lazos familiares vinculados mayoritariamente, casi exclusivamente, a los galeses. Generalmente en los intercambios, no se evidencia violencia verbal ni agresiones, según lo observado se tratan como si ya se conocieran, muchos coinciden en ser nietos y bisnietos o descendientes de las familias según las centenas de fotografías familiares publicadas. Aproximadamente hay más de 3000 imágenes, y 306 álbumes publicados desde el año 2013

El grupo pone en valor la llegada de estos inmigrantes galeses en la zona. En la sección conversaciones se hace alusión a temáticas tales como aniversarios (Gaiman, Trelew, Desembarco de galeses), hay recuerdos de equipos de futbol (Dolavon), equipos de Básquet, de ajedrez, escuelas, hay registros audiovisuales, entrevistas, primeros maestros: Richard Jones Berwyn, eventos Eisteddfod, fotografías de lugares de la zona (playas, puentes, rio) escuelas (La Escuela Superior de Señoritas de Trelew entre 1890 y 1892) mapas (1865) himnos gales en papel, vehículos antiguos, documentos antiguos, navegantes con breves referencias, trabajadores en la fábrica (década del 60), obreros de la construcción del ferrocarril central Chubut, fábrica de mosaicos, testimonios en videos de antiguos pobladores que hablan de la relación de los galeses pioneros con los “indios”, primeras construcciones (Cine Coliseo Trelew), inundaciones del valle, puente de Gaiman, casa del gobernador 1924.  Hay publicaciones inéditas tales como el asesinato el 9 de octubre De 1976 de Mario Abel Amaya (que en los comentarios es recordado como un profesor de la zona), también se habla de la "Causa 500" en la que el Juez Federal Mulhall ordenó la primera detención de un General y apresó a Azpitarte y a Barbott e investigó a los médicos Saleg, García y Rhys, se comparte fotografía de actas, medios de transporte, comercios, plazas, fiestas familiares, culturales.

Una de las publicaciones más compartidas es un video sobre la construcción del Dique Florentino Ameghino que fue compartido 257 veces, otro de los mas comentado es sobre la búsqueda de información sobre comercios a fines de los 80`.



Hay pocas publicaciones sobre la relación con los pueblos originarios preexistentes a la construcción del Estado nacional en relación a la cantidad de información sobre galeses.


En estos casos hay tensiones respecto a si los mapuches exterminaron a los tehuelches, o si los mapuches son chilenos o argentinos, mientras que otros hacen referencia a la colaboración de los tehuelches con los galeses y que tenían muy buenas relaciones.[2] Estos desacuerdos continúan a nivel regional y es complejo pero los relatos sugieren una armonía o ayuda mutua entre tehuelches y galeses, incluso se hace referencia a uniones matrimoniales o conyugales entre originarios y galeses. También hay un relato de Eluned Morgan en su libro “Hacia los Andes” que cuenta la infancia de Kankel que fue dejado por los caciques a cargo de una familia galesa para que asistieran a la escuela y “pronto los niños hablaban fluidamente el galés y, en cuanto a la caligrafía no tenían igual, sus manos poseen tal agilidad y su paciencia es ilimitada como el mar” Kenkel fue compañero de Eluned y se ayudaban mutuamente en los deberes escolares.  También se comparte un libro “Historia del Chubut” del Prof. Orestes Trespailhie que se editó en 1930 que es interesante para analizar con otras fuentes y nuevas lecturas y profundizar críticamente sobre la historia de estas culturas en el marco de la organización nacional. Es destacable la figura Eluned Morgan que, en el grupo, se destaca por ser la primera mujer en romper los paradigmas de la colonia galesa[3], que escribió 6 libros, fue luchadora por su género y hasta la primera cronista de la Patagonia. Según la nota realizada por Carlos Hughes en el diario Jornada, el 28/07/20 Eluned pregonaba sobre el comportamiento social y también de sus pares de género, pero no practicó casi nunca sus prédicas. Fue editora del periódico Y Drafod en donde además escribía sus columnas, al igual que lo hizo en distintos momentos para diarios de Gran Bretaña. En su libro Hacia Los Andes” realizó una crítica lapidaria a la campaña del desierto y una defensa de los pueblos originarios, con quienes ella mantuvo desde siempre una gran relación. Buscó mejorar la educación de los jóvenes en la Colonia, creó, a mediados de 1890, la Escuela Secundaria con Internado para Señoritas, que instaló en la casa de su padre, en Trelew. Su impronta en la historia galesa es recuperada y valorada como mujer adelantada a sus tiempos.







Minoritariamente se hace mención a los inmigrantes italianos tales como Pedro Corradi (cuyo nombre fue asignado a un barrio de Trelew), Orlando Paolini del que se comparte la referencia de un libro "Relatos de un inmigrante italiano", realizada en la Biblioteca Popular Agustín Álvarez de Trelew, y dirigida por Alberto Astutti, también aparecen nombrados inmigrantes con el apellido Donato Grion, Mangini, Toneatti. Se valora el aporte el inmigrante Catalán Isidro Samson, de portugueses y de inmigrantes árabes que mayoritariamente se concentraron en el pueblo de Gaiman, y se agruparon en la zona noreste de la localidad, conformando un barrio de “paisanos” llamado Jerusalén. Este barrio, entre 1900 y 1930, reunió un ochenta por ciento de libaneses católicos, y un veinte por ciento entre drusos, musulmanes y judíos.[4]

Otro de los temas que exponen y que sería valioso profundizar es sobre la última princesa de Gales, historia que lleva al cuestionamiento actual del título de príncipe de Gales Carlos ya que su descendencia nada tiene que ver con el "Viejo País de las Arpas" ya que sus antepasados tienen sus raíces en la dinastía de la poco ilustre Casa alemana de Saxen-Coburg-Gotha (el marido de la reina Victoria, Albert, de allí provenía), y su padre es Philip Mountbatten de una familia alemana de apellido Battenberg. En esta publicación se expone los motivos de la colonización en Patagonia: ser libres y preservar sus costumbres y su lengua; junto con el euskera (vasco), las dos lenguas vivas más antiguas de Europa. La verdadera ultima princesa seria Gwenllïan (hija de Llewelyn), de tan sólo un año de edad que fue puesta en cautiverio en un convento en Inglaterra, en Sempringham, allí sobrevivió hasta el año l337, en el que falleció, sin haber sido reconocida jamás como tal. Hoy aún se reivindica su memoria y justamente constituye una discordia respecto al poder vigente de la monarquía actual. La historia de los galeses es sumamente rica, evidentemente hay un gran interés de los descendientes no sólo por compartir sino para trascender en el marco de una región tan alejada de sus orígenes, sucede lo mismo con los demás inmigrantes que se han conectado con el paisaje, la economía, se valora el pasaje por la escuela aunque no hay menciones específicas sobre el rol activo del gobierno o del Estado, por ejemplo en construcciones estatales, cuando se hace referencia al ferrocarril, se expone quienes estuvieron allí con una imagen y nada más. Esto es inusual porque al parecer todo lo producido es mérito de la comunidad, este tal vez sería otro tema a indagar.

Llama la atención de este grupo la cantidad de referencias en libros tales como “Los Poetas del Eisteddfod" de Osian Hughes, “Pioneros de la costa de Chubut” del Proyecto Gráfico de la Biblioteca Popular Agustín Álvarez de Trelew. “Crónicas de la colonia galesa” del reverendo Abraham Mathews, “Los rifleros del Chubut” de Virgilio González y H. Marras. “100 años de Historia el Racing Club de Trelew 1920- 2020” de Raúl Alberto González, “150 años de dinero circulante en la Colonia Galesa del Chubut durante el período 1865-2015 de Higinio Cambra, “Historia del Chubut” (1930) de Orestes Trespailhie, "Los indígenas de la Patagonia" de Clemente Dumrauf,  “Entre dos Mundos” de Pedro Paolini, " Aromas del pasado con sabores del presente"  de Cintina Navas, “Y Wladva Gymreig” de Cymru Newydd, “Gaiman. Conversaciones con el valle” de Julia Chaktoura, novela del "Dante" de Carlos D. Ferrari, “Capillas del Valle” de E. Jones, “La escuela patagónica. Reminiscencias de un maestro 1914- 1946” de Demetrio Fernández, “Muchos juegos, muchos pases. Historia del club atlético germinal 1922-2013” de Alejandro Santos, El Colegio Nacional de Trelew" 90 Años de Francisca (Checha) Comes, “Hacia los Andes” Eluned Morgan, “La Patagonia que canta” de William C. Rhys, "Las chicas de Parry" de Hilda Graciela Parry, "Chupat-Camwy, Patagonia. Historia de la coexistencia pacífica entre galeses, pampas y tehuelches", de Marcelo Gavirati, “El éxodo gales a la Patagonia. Orígenes, trasfondo histórico y singularidad cultural de Y Wladfa” de Federico Mare,  "Historias de Fronteras" de Ernesto Daniel Maggiori, «Trevnusrwydd Teuluaidd» (“Orden de familia”) de Esther Emmen y Eluned Morgan (1892), “Las mujeres ayudaron a cambiar nuestra historia” de Nadine Laporte,  Entre el honor y las dudas…EL SOLDADO” de Bertello, “Manual del ovejero patagónico” Grenville Morris, “Trelew, un desafío patagónico." de M. H. Jones”, “Papeles de la mirada” Sergio Pravaz,  “La inglesa bandolera” de Elías Chucair y “La bandolera inglesa en la Patagonia”, de Francisco Juárez, “Algas Marinas, Por Tierra y Por Mar”, “Hijos del Sol”, “Cartas de enamorada a William George”, “Correspondencia con el Pastor Nantlais Williams” de Eluned Morgan (la mujer que rompió los paradigmas de la colonia galesa)

Estos títulos sugieren una amplia bibliografía sobre la identidad galesa, y ciertamente la virtualidad ha permitido alojar en el grupo una gran cantidad de información, por ejemplo, a través de libros compartido en Google Drive, de fotografías, videos, documentos, cartas, árboles genealógicos. A su vez se observa que, a través de las interacciones, comentarios, se confirma esa información o se brinda más datos; la memoria, en este sentido, se mantiene activa, generalmente el público está muy conforme, aplaude y agradece la existencia y participación de los miembros que aportan.

En estos lugares de memoria, los webactores o actores mnemónicos cumplen un rol activo, y dan múltiples referencias para seguir ampliando la información (tiene tantas publicaciones que requiere muy buena conectividad para llegar hasta las primeras o más antiguas). Dentro del grupo se observa historiadores y aficionados, interesados en compartir la historia, incluso con nuevas perspectivas. De alguna manera, lo abordado, supera lo esperado y lo enseñado en la escuela considerando que nací y fui criada en Rawson y jamás en la escuela nos enseñaron sobre esta historia, es decir, ni la de los galeses ni de los pueblos originarios que sólo eran concebidos como parte del pasado y no del presente. Las innovaciones tecnológicas por supuesto, exigen repensar lo metodológico en la tarea del historiador, no se trata sólo de acumular información o de saber que allí existen, sino de hacer las preguntas, de poder hacer nuevas lecturas, de aportar al conocimiento histórico desde nuevos modos de divulgación de saberes en las redes. Esto es importante porque la particularidad de las redes es que los textos no son académicos, abstractos, difíciles de entender, sino todo lo contrario, son cercanos, humano, con detalles, generan comprensión y empatía, se trata de humanizar la historia y contribuir a la democratización de la información y de las historias regionales/locales siempre vinculadas a lo global[5].