jueves, 28 de octubre de 2021

RESEÑA. Jorge Salessi, Médicos maleantes y maricas. Higiene, criminología y homosexualidad en la construcción de la Nación Argentina

Jorge Salessi, Médicos maleantes y maricas. Higiene, criminología y homosexualidad en la construcción de la Nación Argentina. (Buenos Aires, 1871-1914). Rosario, Beatriz Viterbo Editora, Biblioteca Estudios Culturales, 1995, (401 páginas)




El libro “Médicos maleantes y maricas. Higiene, criminología y homosexualidad en la construcción de la Nación Argentina. (Buenos Aires, 1871-1914)”, está dividido en tres partes, cada uno de los cuales lleva el nombre del título.  El autor se centra en el periodo que va desde 1871 año en que la fiebre amarilla tiene lugar en Buenos Aires hasta la segunda década del siglo XX.

Jorge Salessi, es profesor de Literatura Latinoamericana del Departamento de Lenguas Romances de la Universidad de Pennsylvania, también ha publicado ensayos de crítica literario y cultural sobre tongo, sexualidad, nacionalismo, fotografía, simulación, trovestismo y performance, identificación e identidad. Es editor de Hispanic Review y del Journal of the History of Sexuality.

La tesis fundamental que expone su texto es que a través de la creación de distintos modelos (enfermedad, epidemia, contagio) se buscó controlar y disciplinar a la población del país por parte de las elites. Se trata de un libro que invita a revisar la literatura y la historia argentina desde distintos puntos de vistas; se explora las mentalidades de los intelectuales y referentes de distintos campos del conocimiento y su  afana de normalizar  las conductas, se plantea formas de concebir al otro en la construcción de la identidad nacional desde la lógica de la exclusión y desde la creación de un discurso excluyente que es clasista, racista, antisemita, sexista y xenófoba “Salessi describe la construcción del ser nacional, para hacer foco en los excluidos por ese modelo. La suya es, entonces, la historia de una resistencia” 

El trabajo cuenta con una importante referencia bibliográfica tales como Sarmiento, Bunge, Esteban Echeverría, Darwin, Foucault, historiadores como Natalio Botana, textos científicos, literarios y estadísticos (Anales del departamento de Higiene), archivos médicos, periodísticos, policiales. 

El trabajo de Jorge Salessi está dividido en tres partes. El primer apartado “I Médicos” posee 8 subapartados que hacen referencia al rol de los higienistas respecto a los inmigrantes como los focos de la enfermedad a combatir y controlar a través de leyes. Lo otro aparece como el flujo y focos sospechosos. Se analiza el matadero y el movimiento de poblaciones a través de la observación panóptica.

En el apartado “II Maleantes” contiene 3 subapartados que exponen la preocupación de los higienistas por la “criminalidad” de los inmigrantes. Se busca diferenciar dos categorías “delincuentes” y “alienados” para reducirlos y controlarlos en distintos espacios. Se trata el auge de los médicos criminólogos y peritos y sus respectivos abordajes.

El apartado “III Maricas” contiene 11 subapartados y el epílogo, aquí el autor se explaya en la construcción y usos finiseculares de la homosexualidad. Se explica el mundo de los guapos, sirenas, asiáticos, eunucos, mujeres desnudas y la construcción del tercer sexo. Se muestra a la homosexualidad o la “degeneración” como el mal acechando los espacios claves tales como las escuelas y cuarteles del ejército en los que se realizaba la formación e instrucción del nuevo sujeto argentino. En este marco, la educación nacionalista aparece como la profilaxis contra el mal de lesbianas profesionales o las inversiones. Se hace referencia al estigma sobre el italiano como seductor y se hace referencia a los jóvenes pederastas argentinos. Desde el punto de vista cultural, se expone el valor del teatro como expresión del travestismo, se hace referencia a la educación anal, el retorno de lo reprimido o retención de flujos. Se desarrolla la idea de la militancia en los homosexuales y los invertidos profesionales, cómo se ha implantado perversamente los estereotipos del invertido, la cultura de maricas resistentes, la organización y desorganización de la nacionalidad, las estrategias para reorganizar la desorganización.


Jorge Salessi plantea dos grupos enfrentados, uno los tecnócratas positivistas o higienistas, que desde el Estado busca controlar la población de inmigrantes que, explícitamente, son tratados como focos de infección. Desde la epidemia de 1871 tanto las personas como sus espacios son etiquetadas como “focos" a partir de los que se propagaba la enfermedad.  Con la producción de Esteban Echeverría “El Matadero” se inicia un nuevo paradigma basado en lo salubre/insalubre, se consideraba como focos de transmisión del mal a los saladeros, mataderos de la ciudad y las viviendas de los inmigrantes. Los higienistas pudieron consolidar su autoridad central, impulsaron leyes (de educación primaria y de Registro y Matrimonio Civil) para imponer conceptos de nacionalidad, clase y género asociadas con nociones de salubridad e insalubridad y controlar los movimientos demográficos, pudieron establecer un control “panóptico” sobre las ciudades y puertos, barcos o pasajeros: ejercían como “policía sanitaria de puertos y costas, observando los navíos que puedan importar gérmenes”, se trataba de “medidas profilácticas” que no buscaban impedir el tráfico, sino someter a observación a pasajeros sospechosos sobre todo los agricultores que también se trasladaban de un lugar a otro. 

Desde el texto de criminología argentina publicado en 1905: “La delincuencia argentina a delincuencia argentina ante algunas cifras y teorías”, de Cornelio Moyano Gacitúa, las nuevas clases obreras fueron descritas como confusiones de cuerpos, líquidos y materias estancadas o aglomeradas en los espacios de la ciudad, el movimiento obrero era representado como una “patología” que podía ser eliminada mediante leyes represivas. En 1902 con la aprobación de la "Ley de Residencia" se autorizó la deportación de cualquier extranjero "sospechoso de atentar contra el orden público”, a la misma siguió otra ley llamada "Ley de Defensa Social" que buscaba reprimir y criminalizar a los anarquistas que tenían una clara estrategia sindical anarco-comunista.  Por otra parte, la simulación fue una preocupación central de los criminólogos que buscaron desarrollar un sistema médico-legal de reclusión en asilos psiquiátricos paralelo al sistema de prisiones para delincuentes. Luego de diferenciar al delincuente del alienado se introducía técnicas de control y rehabilitación, como prácticas propias del positivismo. Justamente, la "consagración definitiva de la Escuela Positiva" y "su aceptación por la autoridad policial" transformó la Policía Federal en una agencia estatal que utilizaba procedimientos ilegales para recolectar y procesar información sobre "alienados", sobre las clases bajas y sobre las organizaciones y movimientos obreros. Los médicos criminólogos, con sus historias clínicas y pruebas periciales, sus textos producidos y promovidos como documentos legales con valor de sentencia, le dieron prestigio y cobertura científica a la Policía Federal, los criminólogos también tenían rango de oficiales de policía. La vigilancia transformó todo el espacio de la ciudad en un gran asilo en el que la "Sala de Observación" representaba una de las torres de vigilancia desde la que se realizaba la observación panóptica que trataba de individualizar o identificar a cada uno de los habitantes, obreros, enfermos, prisioneros, o escolares. Los profesionales de la medicina legal, a principios del siglo veinte se transformaron en criminólogos y pusieron bajo su control y articularon los espacios en los que se realizaba la observación, interrogación y clasificación de personas arrestadas y detenidas, separados de los cuerpos de personas muertas sobre las que se practicaban autopsias, es decir, también se observaba e interrogaba los cuerpos muertos.

Según J. Salessi se inventó la homosexualidad como el mal acechando los espacios claves tales como las escuelas y cuarteles del ejército en los que se realizaba la formación e instrucción del nuevo sujeto argentino. Se construyó una teoría de la degeneración y de la regeneración que enfatizó la importancia y el poder rehabilitador del medio ambiente que sí podía ser manipulado y controlado por los hombres de ciencia preceptores de la nueva nacionalidad.  Frente al avance de la nueva mujer en Europa y EEUU, se plantea la invasión del tercer sexo, para Bunge se trataba de mujeres, obreras y profesionales visibles en organizaciones feministas, socialistas y anarquistas. Esas mujeres etiquetadas como "sirenas" se deslizaban a través de las fronteras y transitaban entre espacios y clases sociales para realizar una tarea de concientización que preocupó a los burócratas e intelectuales que trabajaban para el Estado. Esta mujer fue estigmatizada como prostituta, era la que trabajaba fuera de casa y en la calle. Para controlar a esa mujer, caracterizada como "eso" —la forma gramatical neutra o andrógina confundía lo "femenino" del sexo biológico de la mujer con el rol "masculino" del (in)dividuo (el andrógino no dividido, ni mujer ni hombre o mujer y hombre) que "hace concurrencia al hombre"—, Bialet-Massé utilizó la descripción del "tercer sexo", sexo intermedio.  La homofobia y el pánico homosexual fueron utilizados para controlar y reforzar la cambiante estructura genérica de la economía transformada por la independencia de mujeres que trabajaban por un salario y competían con los hombres en el mercado de trabajo.  La sanción médico legal de la “inversión” fue utilizada para reprimir y contener una compleja cultura homosexual de hombres de todas las clases sociales que se identificaban, o no, como homosexual es, maricas o uranistas pero sí tenían relaciones sexuales y afectivas con otros hombres. 

La sanción del discurso médico suplió la ausencia de sanción legal promoviendo sanciones sociales, se marcaron aquellos lugares que contribuían a la propagación de las desviaciones sexuales adquiridas; allí donde proliferaban las relaciones sexuales entre hombres que iban a ser los futuros ciudadanos argentinos, los hombres de ciencia se vieron obligados a representar dos formas de homosexualidad: una, “rara, excepcional y disculpable”, de "verdaderos invertidos congénitos", y otra más común, que proliferaba y se propagaba gracias a una contra-educación perversa de prácticas sexuales aprendidas en las instituciones degeneradoras concebidas sin embargo como ideales para la acción regeneradora de médicos, criminólogos y pedagogos. Los hombres de ciencia trataron de mantener la binaridad del género en esa definición de roles receptivos ("pasivos") o insertivos ("activos") presuntamente permanentes, de invertidos que adoptaban solamente un rol receptivo y seductores que adoptaban solamente un rol insertivo. Pero las “maricas” entremezclaban, superponían y confundían las categorías presuntamente fijas que habían inventado los sexólogos. Por ejemplo, se estigmatizo al italiano como degenerado y extranjero que llegaba, invadía, como una enfermedad y como una fuerza política que de no ser controlada en las instituciones regeneradoras argentinas podía transformarse en una patología social y cultural.  La militancia representaba la posibilidad o latencia de la patología, el mal lo representaban maestros o celadores, sirvientes o peluqueros que entraban a pervertirlos espacios burgueses predando en sus niños. En cambio, entre los niños de las clases bajas, especialmente los hijos de los inmigrantes italianos, estos hombres de ciencia describieron la homosexualidad como una perversión que aparecía "naturalmente", como una práctica significativamente asociada a una vida en la libertad de la calle, es decir fuera del sistema disciplinario de asilos, hospicios, cárceles, prisiones, escuelas o cuarteles administrados por el estado. 

El autor se dedica a analizar el significado de la homosexualidad desde las expresiones culturales (teatro, fotografía, tango) en espacios o lugares de las inversiones. El prostíbulo del tango en su época de música prohibida, la agencia de esta nueva cultura, fue un espacio tan paradigmático como el de la ópera, el teatro y el circo del Buenos Aires de fines de siglo. En el prostíbulo se dio una transferencia fundacional de modelos y códigos semánticos entre las distintas clases sociales y grupos culturales que se gestaron con la inmigración. El prostíbulo fue ese espacio en el que enriqueciéndose también se confundieron categorías que generalmente se mantenían separadas u opuestas en una confusión enriquecedora, allí se congregaron y entrecruzaron todas las nacionalidades, grupos y subgrupos culturales económicos y sociales del Buenos Aires de 1900

En esta producción es posible encontrar un abordaje peculiar sobre temáticas que hasta el día de hoy son tabú, se trata de una lectura distinta de aquellos que enmarcados en el aparato estatal impulsaron la modernización del país, que buscaban controlar lo externo, el flujo, los focos posibles de enfermedad a una sociedad que emerge como un cuerpo saludable.  Resulta deslumbrante cómo el escritor despliega una taxonomía enmarcada en paradigmas históricos y explica la extrapolación de metáforas al campo cultural. También es notable como las prácticas culturales concretas cuestionan las imposiciones acerca del deber ser o se resiste a ser normalizado. 

Las distintas y abundantes fuentes utilizadas por el autor nos brindan otra información o interpretación de los hechos presentados, hay otro sentido y contexto a la creación de categorías que con el transcurrir del tiempo se fueron instalando en nuestro lenguaje. Salessi logra mostrar el contra- discurso, es decir, las voces de los homosexuales, sus historias, sus producciones que aparecen en las fuentes tensionando los registros científicos, o están filtrados en la literatura, su enfoque es cultural y expone un punto de vista comprometido donde el autor asume un lugar critico: el de “las mujeres y los hombres que no nos ajustamos a las normas genéricas y sexuales tradicionales” . 


sábado, 23 de octubre de 2021

Alberdi y Sarmiento: la construcción de un nuevo orden

 

Santul María Ester 

 


En el contexto de organización del Estado nacional se destacan dos propuestas que develan las ideas políticas del siglo XIX, la concepción de lo social, de lo económico, entre otros aspectos, y en el marco de lo que se conoce como movimiento romántico inaugurado en el Rio de la Plata. La formación intelectual de Sarmiento y Alberdi se comprende a través de las reformas promovidas por los gobiernos rivadavianos e inspiradas en las ideas de la Ilustración, también ambos son exponentes de la Generación del 37.

La formación del Estado nacional se inscribe en el contexto económico capitalista en expansión. Tulio Halperin Dongui[1], al analizar a Alberdi señala que para éste la creación de una sociedad más compleja implica una nueva economía forjada bajo la dirección de una elite política y económica consolidada en su prosperidad por la paz de Rosas[2] y heredera de los medios de coerción por él perfeccionados. Esa elite contaría con la guía de letrados dispuestos a aceptar su nuevo y modesto papel de formuladores de programas capaces de asegurar la hegemonía y prosperidad de quienes tienen el poder.

Para Alberdi[3], el crecimiento debe ser acelerado, pero sin ningún elemento redistributivo; el mercado para la producción está en el extranjero, la apelación al trabajo y al capital extranjero son el mejor instrumento para el cambio económico. El país necesita de la inmigración que traería al país el progreso y la cultura, los factores de producción, el ferrocarril, la libre navegación interior y la libertad comercial. La industria traería orden y moralización a través de los hábitos laboriosos y productivos introducidos por el inmigrante que la instrucción abstracta.  El plan de instrucción debería multiplicar las escuelas de comercio y de la industria, debe asentarse en las ciencias y artes de aplicación, a cosas prácticas, a lenguas vivas, a conocimientos de utilidad material e inmediata. Natalio Botana[4] agrega que [U1] el desierto, para Alberdi, era un vacio que habia que llenar con hombres e instrumentos de la sociedad industrial, la unidad política debería empezar por la unidad territorial.

Sarmiento también establecía la necesidad de un cambio para el progreso económico, el desierto era un territorio a sembrar y, una vez constituido el orden general, había que dar forma a ese inexistente ciudadano. El gobierno republicano era el molde donde debía vaciarse una materia de criollos e inmigrantes que vagaban sin rumbo ni sentido del bien público, lo público debía tener primacía sobre lo privado. Según N. Botana, Sarmiento exponía a la educación popular como un instrumento de conservación social, no porque ella podía disuadir al pobre de cualquier ambición sino para indicarle los modos de satisfacerla en el marco social existente, entonces el rol que pudiesen desempeñar los pobres debe estar previamente establecido por quienes dirigen el cambio.  El Estado debía promover la educación popular y la inmigración contra la barbarie, el mundo rural y el desierto, siguiendo el modelo norteamericano.

N. Botana sostiene que ambos intelectuales le dan sentido a la palabra libertad en relación a una organización institucional diferente. Alberdi interpela al habitante, es decir al individuo que necesita garantías del Estado para el ejercicio de su actividad. La inmigración que propone significaba el “trasplante” o instalación de una civilización ya formada (la europea). Sarmiento en cambio, se preocupa por la igualdad que, en términos de libertad, representa la participación en la vida política, es el ciudadano el que debe dar forma a la república a través de sus instituciones. Por otra parte, mientras que para Sarmiento los letrados tienen derecho a un lugar prominente en la sociedad, Alberdi desconfiaba de la elite letrada, si bien esta elite señalaría el camino a los grupos políticos y les revelaría donde estaban sus intereses, luego esa elite debía desaparecer. Para Sarmiento, la elite debía dirigir esos cambios socioeconómicos; a su vez, esos cambios se lograrían gracias al progreso sociocultural. Respecto a la forma de gobierno Sarmiento propone una forma federal, la convocatoria del Congreso para sancionar una Constitución, pero su preocupación era crear ciudadanos que actúen en el espacio público mediante la formación de municipios acercando de esta manera al ciudadano a las decisiones públicas.

Oscar Terán[5] señala que mientras que para Sarmiento la nación se construye desde la sociedad y desde el estado, para Alberdi el eje debe ser el estado y el mercado. Para Alberdi hay una escala en la que se constituyen distintos tipos de sujetos: primero, habitantes productores luego, sujetos políticos o ciudadanos, a través de una etapa económica, una social y otra política. Según esta perspectiva, Argentina aún estaría en el momento económico- social, aún no ha llegado el tiempo de la política, es decir que para ella no ha llegado el momento de efectivizar el sufragio universal. Esta república poco republicana, en donde está abierto el espacio de la sociedad civil (donde los habitantes desarrollan libremente sus actividades económicas) y clausurado el de la ciudadanía (o sea, el de las libertades políticas), es la que Alberdi llama “la república posible”, consistente en una nación donde una élite tutela a las masas, mientras la “educación por las cosas” difundida por la inmigración va cultivando a la población nativa y acercándose al momento de la “República verdadera” de sufragio universal.  En cambio, el motor de la llamada “república del interés” reside en el egoísmo, por el cual los individuos, persiguiendo la satisfacción de su interés privado, contribuirían a la pública felicidad, se trata, según O. Terán de una república aristocrática u oligárquica, esto es, un régimen político no democrático donde una minoría de la fuerza, del saber, de la virtud, del dinero o de todas esas cosas a la vez, se autoerige en dirigencia tutelar de una población garantizándole las libertades civiles pero manteniendo sin posibilidades de acceso a las libertades y a la participación política. Esta concepción introduce modificaciones respecto del modo en que se piensa la sociedad y la política en el modelo de la república de la virtud, porque en ésta el papel del estado es dominante y es la política la que adquiere un claro predominio dentro de las prácticas de construcción estatal.

Como se ha visto, ambos autores plantean una visión y un camino distinto hacia la república, las preocupaciones de Alberdi y Sarmiento por los peligros revolucionarios que afectaban a Europa, así como también las posibles reacciones, los colocó en situación de análisis y confección de propuestas para establecer un poder fuerte situado por encima de las facciones.  Rosas tenía el visto bueno de los intelectuales, era aquel que realmente concentraba el poder político- Alberdi lo veía como un mérito- ese poder era clave para la construcción de una nueva nación. Para Sarmiento, en cambio, era necesario la integración del mercado nacional junto a la creación de una masa letrada que motorice el consumo y el desarrolle del mercado.

 



[1] Halperin Donghi Tulio, Una Nación para el Desierto Argentino, Buenos Aires: CEAL, 1982, pp. 29-55

[2] Halperin Dongui destaca que Rosas es la figura representativa de Alberdi, gran hacendado y exportador que ha hecho la guerra para abrir su provincia de Entre Ríos el acceso al mercado ultramarino.

[3] Alberdi Juan B., Bases, Buenos Aires: Plus Ultra, 1980

[4] Botana Natalio, La Tradición Republicana. Buenos Aires: Sudamericana, 1984, Capítulo VI

[5] Terán Oscar. Historia de las ideas en la Argentina Diez lecciones iniciales, 1810-1980. Buenos Aires, 2008 Siglo XXI Editores Argentina



LA CONSTRUCCION DE LAS MEMORIAS


*Santul María Ester

 

Introducción

 

El trabajo sobre las memorias, qué son, cómo se construyen, lleva a revisar la relación del historiador con el pasado, con la definición de su objeto de estudio, la realización de nuevas preguntas, la construcción metodológica y su posicionamiento historiográfico. El contexto actual es favorable para reflexionar sobre las implicancias de la renovación historiográfica de posguerra y de la historia reciente; a partir estos abordajes es posible comprender los desafíos que implican la construcción de las memorias en relación a las identidades, siempre en disputa, en el marco del afianzamiento de la historia oral como una metodología dirigida a la construcción de nuevas fuentes para la investigación, en consonancia con aquellos colectivos y temáticas marginadas por la historiografía tradicional.

Desde estas consideraciones se realizará aquí un breve recorrido de los autores de referencia para responder a una serie de interrogantes vinculados a la historia oral y memorias, explorando o reconociendo algunas propuestas que colaboran en la construcción de la historia social “desde abajo”. 

 




ACERCA DE LAS MEMORIAS

 

Para Elizabeth Jelin (2001), las memorias individuales están enmarcadas socialmente y estos marcos son portadores de la representación general de la sociedad, de sus necesidades y valores, incluyen la visión del mundo, sólo se puede recordar cuando es posible recuperar la posición de los acontecimientos pasados en la memoria colectiva. La presencia de lo social siempre está, aún en los momentos más individuales, los recuerdos personales están inmersos en narrativas colectivas reforzadas por rituales y conmemoraciones grupales. Como esos marcos son históricos y cambiantes, en realidad, toda memoria es una reconstrucción más que un recuerdo. La autora aclara que las memorias colectivas igual deben ser entendidas como una construcción donde participan distintos actores sociales (inclusive a los marginados y excluidos) donde hay disputas y negociaciones de sentidos del pasado en escenarios diversos. Si bien todo proceso de construcción de memorias se inscribe en una representación del tiempo y del espacio, estas representaciones -y, en consecuencia, la propia noción de qué es pasado y qué es presente- son culturalmente variables e históricamente construidas. Y esto incluye las propias categorías de análisis utilizadas por investigadores y analistas del tema.

La autora igual distingue dos tipos de memorias, las habituales y las narrativas. Dentro de las segundas están las que pueden encontrar o construir los sentidos del pasado y heridas de la memoria que conllevan dificultades para construir su sentido y armar su narrativa. Estas memorias narrativas se inscriben en situaciones donde la represión y la disociación actúan como mecanismos psíquicos que provocan interrupciones y huecos traumáticos. Aquí tanto el olvido como el silencio nos permite comprender sobre el proceso de selección en tanto que la memoria es selectiva. Tanto las borraduras como los olvidos pueden ser producto de una voluntad o política de olvido y silencio por parte de actores que elaboran estrategias para ocultar y destruir pruebas y rastros, impidiendo así recuperaciones de memorias en el futuro. En casos así, hay un acto político voluntario de destrucción de pruebas y huellas, con el fin de promover olvidos selectivos a partir de la eliminación de pruebas documentales. Sin embargo, los recuerdos y memorias de protagonistas y testigos no pueden ser manipulados de la misma manera. En este sentido, toda política de conservación y de memoria, al seleccionar huellas para preservar, conservar o conmemorar, tiene implícita una voluntad de olvido. La memoria como construcción social narrativa implica el estudio de las propiedades de quien narra, de la institución que le otorga o niega poder y lo/a autoriza a pronunciar las palabras, implica también prestar atención a los procesos de construcción del reconocimiento legítimo, otorgado socialmente por el grupo al cual se dirige. La recepción de palabras y actos no es un proceso pasivo sino, por el contrario, un acto de reconocimiento hacia quien realiza la transmisión.

Allier Montaño E. (2008) en su trabajo sobre el lugar de la memoria en la historia reciente de Uruguay, señala que los lugares de memoria parecen confirmar la hipótesis de que se trata de sitios nacidos de la propia efervescencia de la memoria y no de su desaparición. En caso de que, si algunos lugares de memoria pretenden dejar de existir una vez que su cometido fue cumplido, se debe mencionar la existencia de lugares de amnesia, es decir aquellos que cristalizan el olvido de un acontecimiento o un periodo de la historia. Desde este punto de vista se considera que los lugares tienen un valor simbólico y ello es fundamental para la transmisión de la memoria, dado que esta no puede realizarse en el vacío.

Los lugares de memoria transmiten una interpretación del pasado a la sociedad, así las nuevas generaciones, la población que no ha conocido los hechos de otra manera, retomará esas miradas y las hará propias (aunque también puede ocurrir que cree las suyas propias). Es por ello entendible que algunas nominaciones conciten el debate, pues los diversos actores políticos no están dispuestos a que sus visiones de la historia sean borradas de los espacios urbano y público del país. De hecho, esta multiplicidad de versiones expresa el deseo de apropiación del pasado por los diferentes actores sociales. Entonces, los lugares de memoria no son solo artefactos donde se depositan recuerdos y olvidos del pasado, artilugios inmovilizados en el tiempo, sino que tienen historia. Son lugares mixtos, híbridos y mutantes, íntimamente cargados de vida y de muerte, de tiempo y de eternidad. Es decir, están ligados a procesos: orígenes, desarrollo, a veces un fin. Esto se evidencia en el caso de las conmemoraciones ya que las fechas y aniversarios son coyunturas en las que las memorias de una nación son producidas y activadas; son las ocasiones públicas en que los actores sociales y políticos pueden movilizar los diversos sentidos que se le otorgan al pasado. Las conmemoraciones definen un nuevo calendario de la vida pública, imponiéndole sus ritmos y sus plazos. Esta última se pliega y se sirve de ello, intentando conciliar memoria, pedagogía, mensajes políticos para lo inmediato.

 

EMPRENDEDORES DE LA MEMORIA

 

Actualmente se vienen llevando a cabo distintas propuestas para trabajar con las memorias, una de ellas es Grupo de Estudios sobre Memorias Alterizadas y Subordinadas (GEMAS) que, desde distintos campos de estudios y universidades del país, se proponen abordar las memorias de sujetos y grupos alterizados y subordinados. La idea no es reconstruir sus memorias a partir de relatos fragmentados, sino “comprender las perspectivas, las conceptualizaciones y las definiciones ensayadas por ellos, no solo en relación con la memoria, sino también sobre secretos, agencia, historia, futuro, etcétera”[1]. Se trata de acompañar y reflexionar junto a ellos sobre las reconstrucciones y conceptualizaciones que llevan a cabo y, a través de este diálogo, cuestionar presupuestos y reorientar la práctica académica. Este colectivo, entiende al campo de la memoria desde una amplitud de disciplinas, temas, intereses, enfoques y marcos teóricos y metodológicos, la base de su trabajo ha sido la apertura que generó los estudios sobre memoria se centraron en las experiencias sufridas por las víctimas directas e indirectas, antes, durante y con posterioridad al terrorismo de Estado llevado a cabo durante la última dictadura cívicomilitar- eclesiástica (1976-1983). De allí surgieron debates y discusiones que habían estado ausentes en las sucesivas dictaduras militares, y se forjaron las primeras herramientas conceptuales considerando el vacío teórico y metodológico respecto a los procesos de recordar y olvidar entre grupos cuya vocalidad ha sido históricamente silenciada, construidos como otros internos u otros externos por las narrativas de una nación imaginada como blanca y homogénea.

Carnovale, Lorenz y Pittaluga (2004) también nos aporta sobre la constitución de un archivo oral sobre el Terrorismo de Estado en la Argentina (1976-1983) que fue parte de una convocatoria desde Memoria Abierta para compartir con las generaciones futuras de sentar las bases de un Museo de la Memoria sobre la última dictadura militar argentina. En principio la tarea buscó establecer criterios para la preparación y construcción del archivo de testimonios audiovisuales, de analizar la relación entre memoria y política, y su relación con las decisiones a la hora de realizar entrevistas a personas que relatan experiencias de situaciones extremas. Debatir sobre los alcances de las preguntas a fin de no hacer de la entrevista un nuevo momento del terror, condujo a reflexionar sobre los criterios teóricos e historiográficos implicados, y sobre la propia subjetividad comprometida, es decir sobre la propia politicidad. El archivo es en si un acto de memoria donde se realiza una selección de aquellos elementos del pasado que se quiere registrar y problematizar, selección que exige explicar sobre qué y cómo preguntar y que, a su vez, evidencia su carácter político. En esta situación interviene también la específica posición de la institución promotora del archivo. Se trata de restituir una identidad donde el terrorismo de Estado intentó anularla; rescatar un pasado, una existencia, una humanidad, donde el terrorismo de Estado pretendió el olvido total, se trató de registrar el terror sin (re)producirlo, es decir, evitar que el registro contenga alguna dimensión justificadora de la violencia estatal.

Carnovale, Lorenz y Pittaluga señalan que los testimonios son imprescindibles, pero no son suficientes. Construir memoria colectiva es también intervenir sobre los testimonios, producir interpretaciones, y en este caso particular, reunir en un archivo oral una constelación plural de testimonios que posibiliten la intervención historiográfica. En este sentido, la modalidad de entrevista apuntó a respetar la decisión del entrevistado en estos temas, a disminuir al máximo de nuestras posibilidades la violencia de repetición en la narración, a considerar la pluralidad de temáticas que los testimoniales están dispuestos a relatar. Mientras algunos testimoniantes se detenían en los momentos más duros de la tortura, los relataban detalladamente y hasta los expresaban corporalmente o asumían las distintas voces —las propias y las de los represores. Otros aprovechaban el momento para “des-victimizarse”, para salirse, en el relato, de la posición de objeto en que la tortura y el centro de detención los había colocado. Otros apenas mencionaban la cuestión y mostraban que no estaban dispuestos a hablar del tema por propia iniciativa.  Internarse en los temas vinculados a la tortura o en las condiciones de vida en los centros clandestinos de detención, apuntó a evidenciar los espacios subjetivos de resistencia, las líneas de fuga aún en situaciones límite, las solidaridades para la supervivencia, los gestos y los hechos que los detenidos-desaparecidos efectuaron para evitar el olvido total. En esta experiencia, el recuerdo individual tuvo la posibilidad de formar parte de la memoria colectiva, y en esa medida, como quería Walter Benjamin, hacer menos completos la injusticia y el dolor.

Otra experiencia expuesta por Bacci, Capurro, Oberti y Skurra (2014) tiene que ver con el análisis de más de sesenta testimonios de mujeres que forman parte del Archivo Oral de Memoria Abierta. Según las investigadoras, dichas entrevistas refieren a modalidades de violencia dirigida especialmente contra las mujeres en centros clandestinos de detención y cárceles como parte del sistema represivo del terrorismo de Estado. Su interés estuvo centrado en registrar que dicen las entrevistadas sobre los lugares, momentos e interlocutores con quienes han podido o querido hablar de esas vivencias y sus secuelas, y a sus percepciones sobre la experiencia de tomar la palabra, ya sea para denunciar judicialmente o para narrar sus experiencias. Se han distinguido las dificultades y obstáculos que se presentan al momento de reconocer las resignificaciones que actualizan esos relatos, sus respectivos antes y después, para así recuperar de estos no sólo lo traumático sino también aquello que rescata a quienes testimonian del estereotipo de la victimización. Se reconoce también cómo afecta el contexto social para hablar de esos temas, y en distintos momentos los testimonios han variado de acuerdo a lo que la propia sociedad era capaz de escuchar y aceptar de esos relatos, los testimonios del Archivo, por la forma de producirlos y de acompañarlos, así como por su carácter público, permiten incorporar aspectos que habían sido silenciados o que nadie había querido escuchar antes.

Hay una responsabilidad institucional y social de escuchar estos relatos y hacer lugar a la palabra de quienes sufrieron no debiera ocluir la comprensión más integral y compleja de la experiencia que atravesaron. Estas mujeres no quieren presentarse sólo como víctimas, buscan nombrar su experiencia y cómo conviven con ese trauma. Como plantearía Jelin, en esta construcción tampoco se trata de hacer abuso de memoria, es decir preservar una memoria “literal”, donde las víctimas y los crímenes son vistos como únicos e irrepetibles. En ese caso, la experiencia es intransitiva, no conduce más allá de sí misma, si se habla de olvido, lo que se está proponiendo es el olvido (político) de lo singular y único de una experiencia, para tornar más productiva a la memoria.

 

LA MEMORIA COMO RELATO: LA HISTORIA ORAL

 

Según A. Portelli (2018), la memoria implica un proceso continuo de elaboración de la forma. En un contexto de revisionismo historiográfico, la historia de la memoria deviene significativa y necesaria para la historia de los acontecimientos que se transforman o son reconocidos sólo a través de la operación de otorgarles un sentido, hecha por la memoria que selecciona algunos eventos en la inmensa e informe masa de los hechos cotidianos. En esa construcción de sentido, las fuentes orales no son encontradas por el historiador, sino construidas en su presencia, con su participación directa y determinante. Se trata, por tanto, de una fuente relacional en la que la comunicación se produce bajo la forma de un intercambio de miradas (entre/vista) de preguntas y respuestas, no necesariamente en una sola dirección.

Para Portelli, el trabajo con las fuentes orales es el arte de escuchar, que va más allá de la entrevista abierta, a menudo está más allá de lo que los interlocutores consideran como los límites de la entrevista y los conocimientos más impredecibles emergen en términos de relevancia. De esta manera, la historia oral es arte de la relación: la relación entre la persona entrevistada y la persona que entrevista (diálogo); la relación entre el presente en el que se habla y el pasado del cual se habla (memoria); la relación entre lo público y lo privado, la autobiografía y la historia; la relación entre la oralidad (de la fuente) y la escritura (del investigador). Las fuentes orales son importantes y fascinantes porque no se limitan a testimoniar sobre los hechos, sino que los elaboran y construyen un sentido a través del trabajo de la memoria y el filtro del lenguaje.

Para Barela Liliana, Migues Mercedes y García Conde Luis, (2004) la historia oral tiene una lógica, un procedimiento, una ética y una rigurosidad propia, busca aquello que no se encuentra en las fuentes existentes, lo que sólo a partir del relato de la gente y dentro del marco de una entrevista se pueda encontrar. Esta forma de abordaje reivindica el valor de las fuentes orales como forma de proporcionar presencia histórica a aquellos cuyos puntos de vista y valores han sido oscurecidos por la “historia desde arriba”. La subjetividad, la memoria y la particularidad de la fuente son las características que definen la historia oral que apela a la memoria del sujeto para hacer historia a partir del relato de sus recuerdos y la fuente es el testimonio que el individuo da dentro del contexto de una entrevista. Como sujetos singulares encarnan de manera única e irrepetible los valores, modas, costumbres, normas, mitos del orden familiar, grupal, social, etc., que los incluye y lo hacen dentro de un contexto social continuamente afectado por las contradicciones, rivalidades y tensiones de sus miembros. La historia oral no le escapa a la anécdota o a la nostalgia, las trasciende, las incluye en el análisis global, cuando habla el hombre lo hace en su doble condición de sujeto individual y sujeto colectivo, cuando crea y transmite sus recuerdos lo hace desde esa doble condición. El recuerdo colectivo presupone y se expresa sólo a partir del recuerdo individual. Sin la presencia de ambos resulta impensable la formación de la conciencia y, por lo tanto, de la memoria colectiva histórica. La confiabilidad de un informante, de su memoria (en el sentido de capacidad de recordar), no pasa porque haya olvidos o errores en su información (que pueden ser contrastados de diferentes maneras) sino por la presencia de esos olvidos significativos que tienen que ver con esta forma de caracterizar la memoria, por el olvido de esos recuerdos que darían cuenta de los valores, mitos, costumbres, prejuicios, creencias, del contexto grupal, social, económico, cultural, de pertenencia y son ésos los que los historiadores tienen que analizar.

La historia, por su parte, además del tiempo corto, se pregunta por los movimientos de larga duración, por los procesos históricos e intenta descubrir lo que subyace, no lo aparente o lo que expresa el dato en sí mismo.  Generalmente los trabajos de historia oral exponen un relato de vida históricamente valioso o con valor paradigmático (biografías), varios testimonios paralelos, complementarios, sobre un tema restringido, por ejemplo, sobre los orígenes de un barrio o localidad, o de protagonistas de una huelga, etc. (conjunto de historias), utilización de fuentes orales en el marco de una investigación tradicional o análisis histórico global de un período (la fuente oral como un documento más).

El historiador oral debe escuchar plenamente alerta, con mente histórico-crítica además de inhibir toda reacción o respuesta personal, ya que no se encuentra allí para demostrar sus conocimientos y mucho menos imponer sus preconceptos, sino que “están allí como comadronas en la recreación de la historia de una vida” (ibidem, 2004:23).  

Por otra parte, es preciso establecer una diferencia entre un archivo de historia oral de un archivo de voces o de un archivo oral. El archivo de historia oral está compuesto por los documentos creados a través de las investigaciones realizadas con la metodología de historia oral; es un producto que cobra sentido como resultado del proceso de investigación. El acento no está puesto en la oralidad ni en que se trate de personajes famosos o que se refieran a un hecho de cierto valor histórico o cultural. El documento, en este tipo de metodología, es el que surge del encuentro, dentro del marco de una entrevista, entre el historiador y el informante, y estas entrevistas estarán estructuradas de acuerdo con los temas a investigar y a las hipótesis que maneje el historiador. Por eso es necesario que el archivo esté acompañado con una reseña de la investigación de la cual surge, donde mínimamente figure el tema, las hipótesis, ciertas características de los entrevistados, como, por ejemplo: edad, ocupación, lugar de residencia, o cualquier otro dato que contribuya a dar mayor y mejor sentido a lo que el consultante va a escuchar. Sería muy valioso establecer un archivo y que el mismo esté abierto a la consulta pública, siempre y cuando los entrevistados no tengan reparo en ello y haciendo reserva de sus nombres o partes del documento si así lo exigieran. Es importante también que otros investigadores puedan tener acceso a las fuentes de igual manera que lo hacen con la bibliografía o documentos existentes en cualquier archivo tradicional.

 

Conclusión

La memoria ha sido el eje transversal en esta exposición, se ha dejado en evidencia que no se trata de una sola memoria sino de memorias en disputas, en este sentido se valora la necesidad de reconocer sus dinámicas, la memoria abierta al recuerdo y la amnesia, al pasado y al olvido. La memoria se produce en tanto haya sujetos que comparten cultura y hay quienes buscan materializar los sentidos, por ejemplo, a través de archivos, museos, monumentos, por otra parte, el abuso de la memoria también pone en juego como la recuperación del pasado resulta utilizada por diversos grupos para resaltar intereses propios, en muchos casos manipulando los sentidos de veracidad de la historia o mercantilizándola, como un producto vendible.  Las distintas propuestas sobre la construcción de las memorias son un camino abierto para reflexionar significativamente sobre las metodologías para la construcción de narrativas o relatos.  A la investigación histórica, sin duda se le presenta varios desafíos, principalmente, definir desde donde o desde que lugar ideológico y político delimitará su objeto de estudio, los objetivos e hipótesis, el investigador debe ser coherente en relación a las metodologías que encaucen y debe ser precavido a la hora de interpretar la información obtenida. Más allá de estos procesos, también debe estar abierto y ser sensible a las nuevas preguntas o nuevas dimensiones que surjan de su proyecto o proyectos colectivos de investigación. El investigador como los sujetos investigados tampoco está exento de la dinámica social y las relaciones de poder que lo atraviesa y lo configura.

 

 

 

 

 

 

  * Estudiante Profesorado en Historia, UNPSJB

 

 

 

 

 

 

 

 

A cien años de las huelgas obreras en Santa Cruz en 1920/21

*Santul María Ester

En torno a las huelgas obreras de Santa Cruz de 1920/1921, Lucero y Navas (2018) señalan que, por mucho tiempo, las mismas fueron abordadas desde la perspectiva de las clases dominantes locales que valoraron positivamente el accionar del ejército, el desmedido (antipatriótico) reclamo de los trabajadores urbanos y rurales que ponían en peligro estos territorios, silenciándose tanto las persecuciones como los fusilamientos. Al respecto el ex gobernador E. Correa Falcón, publicó en 1958, “Los sucesos de Santa Cruz 1919 a 1921”, en la que se evidencia dicha posición de la clase dominante, afirmándose que las condiciones de los obreros se habían deteriorado como consecuencia de la Ley de Aduana, deslegitimando sus demandas. Por otro lado, el mismo autor inscribe la acción del ejército dentro de una misión heroica de sostenimiento de la soberanía argentina. Posterior a los sucesos de 1921, las voces de los obreros y peones rurales tuvieron lugar en los periódicos cercanos al movimiento obrero (“La Verdad” de José María Borrero, en Santa Cruz; y otros en Buenos Aires como “La Vanguardia”) que dieron algunos testimonios de huelguistas que sobrevivieron a las matanzas y relataron el accionar del ejército, la policía, los estancieros y sus organizaciones. Pero esta perspectiva sobrevivirá como una “memoria débil”, circunscripta a determinados sujetos y espacios, mientras que para la mayoría de los ciudadanos del Territorio de Santa Cruz y de la Nación será el silencio y la perspectiva hegemónica la que predominará en la construcción de esa memoria. Una excepción, en esta etapa, será la del gobernador J. Cepernic quién durante su gestión y previo a su derrocamiento (1973-1974), permitió y facilitó las investigaciones de O. Bayer y el posterior rodaje de la Película La Patagonia Rebelde (1974). Tanto el libro como la película de Osvaldo Bayer promovieron el surgimiento de memorias a partir de la acción de organizaciones sociales que influyeron en el ámbito de las intendencias y comisiones de fomento y se impulsó la revisión de los hechos. Particularmente, la película proyectó la imagen de un territorio en disputa entre dos grupos antagónicos. Por un lado, los terratenientes como expresión del capitalismo en expansión, legitimados por el Estado con el ejército y policía a su servicio y por otro, los obreros (trabajadores de hoteles, estibadores, peones) que solicitaban condiciones dignas de trabajo, discutían en asambleas y buscaban poner en acción distintas ideologías que fundamentan su organización y metodología consensuada. La Patagonia, en el film, era vista como el sueño de aquellos inmigrantes que buscaban mejorar sus vidas a través del trabajo y de la creación de una familia, mientras que para los estancieros era el espacio para la explotación y la obtención de máximas ganancias: su discurso giraba en torno a la defensa de la “patria” en tensión con las ideologías de los trabajadores vinculadas al comunismo, socialismo, anarcosindicalismo y con el temor de que Chile invadiera y se apropiara de estas tierras. Ellos hacían referencia a la no internacionalización de la Patagonia, sin embargo, al terminar la película, se observa el festejo de sus ambiciones (fusilamiento de los huelguistas) interpretando una canción en inglés. Según Héctor Olivera[1], director del film, el rodaje se realizó en unas serranías de Río Gallegos y en la estación de ferrocarril de Puerto Deseado, en las estaciones de ferrocarril Tehuelches y Jaramillo. Esta producción, al principio fue censurada por Perón pero luego éste mismo autorizó su proyección en todos los cines del país, luego de su muerte la película fue censurada por el Gobierno de Isabel Perón, sólo pudo ser exhibida con el regreso de la democracia formal en 1984. Otra cuestión que se resalta de la película es que los represores aparecen con nombres ficticios en tanto que el nombre de las víctimas es real, se hizo de esa manera por las leyes vigentes en Argentina ya que los familiares de los miembros del Ejército que aparecían en el film podían llevar a juicio tanto al director de la cinta como a los productores o autores del libro o guion[2].  Todo estaba demostrado con testimonios, con documentos, con crónicas periodísticas, los militares nunca pudieron demostrar judicialmente que en La Patagonia Rebelde existiera una sola escena falsa.Para Lucero y Navas el film se constituyó como una memoria contra-hegemónica. El retorno a la vida democrática generó un compromiso militante de ciudadanos particulares, investigadores y de organizaciones de la sociedad civil que fueron revirtiendo el olvido impuesto sobre aquel pasado. En el año 2009, se sancionó la Ley Provincial N° 3056, a través de la cual se creó el Circuito histórico y turístico de las huelgas de 1921 y se sanciona la Ley 3222 de 2011, que lo demarca. Desde el análisis del cuerpo de la Ley y el proyecto que la impulsó se sabe que su fundamento histórico fue más bien escaso y se limita a la mención de la obra de Osvaldo Bayer como principal elemento de soporte. Tampoco se incluyen, como parte del circuito, algunos sitios significativos de las huelgas tales como las localidades de Puerto San Julián, Puerto Santa Cruz y Río Gallegos; además está ausente la Estancia La Anita uno de los sitios emblemáticos de este proceso histórico. Al cumplirse cien años de los hechos, no se impulsaron procesos de justicia sobre la participación del Ejército Nacional, las Fuerzas de Seguridad o reparación a las familias de los obreros; es decir, los fusilamientos, sus autores materiales e intelectuales tienen una total impunidad. Se trata de una memoria que presenta al Estado a través del ejército como brutal y principal responsable de los fusilamientos, dejando en un segundo plano al gobierno del Territorio y donde la participación de los sectores de la sociedad civil queda aún más diluida. Los Estancieros aparecen como sinónimo de grandes terratenientes y latifundistas, como un colectivo homogéneo ideológicamente sin proponer los matices que existieron en relación a quienes eran propietarios de establecimientos rurales. En relación a los trabajadores se observan deslizamientos en la construcción de la figura del huelguista rural, es decir, de la caracterización de los trabajadores víctimas del accionar excesivo del Estado se desplaza a la de huelguistas combatientes, héroes, mártires que dieron su vida para sostener la lucha contra las grandes corporaciones económicas en la región.



Desde los estudios de M.  Zubimendi, P. Sampaoli, y A. Tagliorette,  se analiza la
incidencia de las huelgas de peones rurales en el Noreste de Santa Cruz de 1920-1921, con el fin de valorar el patrimonio material e inmaterial vinculado con estos trágicos sucesos y, en última instancia, localizar y definir el lugar de emplazamiento de los peones rurales fusilados en este territorio. Dichas investigaciones se realizan desde un enfoque interdisciplinario que incluyen la participación de historiadores, arquitectos, arqueólogos y especialistas en medios audiovisuales y turismo de la Unidad Académica Caleta Olivia de la Universidad Nacional de la Patagonia Austral.  Para estas investigaciones igual se construyó un Sistema de Información Geográfica y una base de datos documental sobre los sucesos de las huelgas rurales de los años 1920 y 1921 -pero cuyas consecuencias continuaron hasta el año 1922- en el ámbito del Noreste de Santa Cruz. De esta forma no sólo se brinda nueva información sino también se muestra el potencial de la aplicación de estas metodologías y herramientas en los estudios históricos sobre esta temática, la cual ha sido escasamente estudiada en esta zona en particular de la provincia de Santa Cruz. Se construyó una base de datos geográfica para ubicar espacial y temporalmente cada suceso; se hicieron cartografías temáticas para tener una visión gráfica de la huelga. A su vez, se trabajó en dos escalas espaciales: una mayor escala y baja resolución específica (p.e. locación exacta de campamentos), que permitiera organizar los lugares donde ocurrieron los eventos y crear una secuencia espacial de los mismos; y una menor escala para aquellos casos de interés especial que requieren una mayor precisión en las fuentes utilizadas y que pudiera ser útil para identificar lugares específicos (p.e. entierros o fosas comunes).  A partir de esa información su realizó el trabajo de campo para encontrar restos materiales que permitan situar algunos de los sucesos mencionados como, por ejemplo, tumbas masivas o campamentos de los huelguistas. Se hizo una reconstrucción de la historia y cambios de los usos del suelo del Departamento Deseado, en especial de los establecimientos ganaderos. Se buscó establecer quienes eran los dueños de los campos, detectar los cambios en las denominaciones de las estancias, para ello se usaron libros y relatos de antiguos pobladores o sobre las estancias patagónicas y se generó un mapa de las estancias y sus dueños o administradores al momento de la huelga. Igual se realizó una lectura pormenorizada y sistemática de la bibliografía existente en relación a la huelga de 1921 tales como la obra Los Vengadores de la Patagonia Trágica y otras obras de Osvaldo Bayer, Diario de Guerra del Ejército Argentino (1922) y pobladores o peones rurales, se incorporaron entrevistas y descripciones realizadas por historiadores de la zona (Reinoso 1999; Suarez Samper 2010; Santos 2012, entre otros). También se ha empleado el archivo sonoro del proyecto de investigación, en el cual se cuenta con entrevista a antiguos pobladores y descendientes (Sampaoli e Ibarroule 2010). La reconstrucción de los movimientos de personas específicas en el marco de la huelga de fines de 1921 fue posible a través de las declaraciones brindadas ante la justicia por parte de aquellos peones que fueron capturados y no fueron fusilados. Otra fuente para este tipo de reconstrucción lo constituye un manuscrito realizado por un peón rural llamado José “Pepe” Castagno, quien vivió en la ciudad de Pico Truncado, y donde relata pormenorizadamente los sucesos que le tocaron vivir durante la huelga con una precisión diaria y clara de los lugares que recorrió.  Se trata de brindar un aporte al desarrollo local, sin banalizar lo ocurrido, con la posibilidad de avanzar un poco más sobre la sociedad, involucrándola, y en última instancia conocer y determinar dónde, cuándo y de qué manera fueron fusilados estos peones. Se ha podido avanzar con la Comisión de Fomento de Fitz Roy y Jaramillo, lugares que fueron centrales en el desenlace de la huelga de 1921, se busca generar un museo relacionado con la historia de la huelga y especialmente en la figura de Facón Grande; así como también su incorporación dentro de circuitos turísticos relacionados y concretamente el circuito denominado “El camino de la huelga en el Noreste de Santa Cruz”. Se trata de vincular el patrimonio inmaterial con las comunidades locales, dar a conocer esta parte de la historia a las comunidades que actualmente viven en la zona y generar políticas para su incorporación como vías de desarrollo local sustentable.

Desde otro análisis, Luis Mancilla Pérez[3], señala la participación de los migrantes chilotes en las huelgas, los cuales no fueron la masa inerme que solo obedeció y cobró, como señaló Bayer. Eran mano de obra de Chiloé era mal pagada que emigró como peón golondrina para huir de la pobreza y la falta de expectativas en Chiloé, invisibilizados en una "fuerza de trabajo campesina", subsumido en la categorización de peón rural, ñango, chilote, indio, sin identidad social.  Sin embargo, los chilotes, en el marco de las huelgas, no fueron simples marionetas llevadas como ovejas al matadero, como lo relata el cónsul de Chile en Rio gallegos. Hubo dirigentes chilotes en la FOM y también gran cantidad de obreros que participaron de las huelgas. Cerca del 80% y más de los obreros de las estancias eran chilotes como así también sus lideres (José Descubieres Cárcamo, nacido en Quinchao, Antonio Leiva asesinado en la estación Tehuelches, Bautista Oyarzun fusilado en la estancia San José; Juan Álvarez, Miguel Saldivia, y Oscar Mansilla, fusilados en la estancia Punta Alta). Gracias al periódico El Trabajo, de la FOM, se pudo conocer la dimensión de estas matanzas mientras que los periódicos La Voz de Castro y La Cruz del Sur siempre dijeron que un ejército de bandoleros invadiría la región de Aysén, y que esos bandoleros quemaban estancias, asaltaban almacenes, habían tomado la ciudad de Rio gallegos y, en violentos combates, se enfrentaban con el ejército argentino. Esa fue la versión que difundieron los estancieros y la versión que daba de sus operaciones militares el teniente coronel Héctor Varela. Según Mancilla Pérez, desde Chile se movilizó tropas del regimiento Llanquihue de Puerto Montt y una compañía de ametralladoras del regimiento Chiloé de Ancud. En el destructor Williams, casi un centenar de soldados fueron embarcados y llevados a la región de Aysén a custodiar la frontera desde Balmaceda hasta Rio Cisnes, para impedir que los obreros que escapaban de la matanza pudieran ingresar a Chile, la excusa fue que un ejército de bandoleros invadiría Aysén mientras que los obreros apresados queriendo ingresar a Chile eran entregados a la policía o al ejército argentino. Se desconoce el número de prisioneros, de los que se rindieron o los que tomó el teniente coronel Héctor Varela, muchos se perdieron, se aplicó la ley de fuga. Casi el 90% de los presos provenían de Chiloé o eran chilotes o hijos de chilotes, muchos familiares y conocidos denunciaron ante el cónsul de Chile en Rio gallegos que estos presos sufrían maltratos y torturas, que realizaban trabajos forzados, pero el cónsul nunca interpuso una queja o visitó a sus compatriotas presos "por delitos sociales". Recién en el 2012 con la publicación del libro "Los Chilotes de la Patagonia Rebelde" de Luis Mancilla Pérez se pudo rescatar la historia de los trabajadores emigrantes chilotes fusilados en una patria ajena.  También, cada año en el periódico El Insular de Chiloé, dicho autor escribe artículos denunciando el olvido y la injusticia ante la indiferencia de los políticos, de los medios, defensor de los derechos humanos, difusor