Jorge Salessi, Médicos maleantes y maricas. Higiene, criminología y homosexualidad en la construcción de la Nación Argentina. (Buenos Aires, 1871-1914). Rosario, Beatriz Viterbo Editora, Biblioteca Estudios Culturales, 1995, (401 páginas)
El libro “Médicos maleantes y maricas. Higiene, criminología y homosexualidad en la construcción de la Nación Argentina. (Buenos Aires, 1871-1914)”, está dividido en tres partes, cada uno de los cuales lleva el nombre del título. El autor se centra en el periodo que va desde 1871 año en que la fiebre amarilla tiene lugar en Buenos Aires hasta la segunda década del siglo XX.
Jorge Salessi, es profesor de Literatura Latinoamericana del Departamento de Lenguas Romances de la Universidad de Pennsylvania, también ha publicado ensayos de crítica literario y cultural sobre tongo, sexualidad, nacionalismo, fotografía, simulación, trovestismo y performance, identificación e identidad. Es editor de Hispanic Review y del Journal of the History of Sexuality.
La tesis fundamental que expone su texto es que a través de la creación de distintos modelos (enfermedad, epidemia, contagio) se buscó controlar y disciplinar a la población del país por parte de las elites. Se trata de un libro que invita a revisar la literatura y la historia argentina desde distintos puntos de vistas; se explora las mentalidades de los intelectuales y referentes de distintos campos del conocimiento y su afana de normalizar las conductas, se plantea formas de concebir al otro en la construcción de la identidad nacional desde la lógica de la exclusión y desde la creación de un discurso excluyente que es clasista, racista, antisemita, sexista y xenófoba “Salessi describe la construcción del ser nacional, para hacer foco en los excluidos por ese modelo. La suya es, entonces, la historia de una resistencia”
El trabajo cuenta con una importante referencia bibliográfica tales como Sarmiento, Bunge, Esteban Echeverría, Darwin, Foucault, historiadores como Natalio Botana, textos científicos, literarios y estadísticos (Anales del departamento de Higiene), archivos médicos, periodísticos, policiales.
El trabajo de Jorge Salessi está dividido en tres partes. El primer apartado “I Médicos” posee 8 subapartados que hacen referencia al rol de los higienistas respecto a los inmigrantes como los focos de la enfermedad a combatir y controlar a través de leyes. Lo otro aparece como el flujo y focos sospechosos. Se analiza el matadero y el movimiento de poblaciones a través de la observación panóptica.
En el apartado “II Maleantes” contiene 3 subapartados que exponen la preocupación de los higienistas por la “criminalidad” de los inmigrantes. Se busca diferenciar dos categorías “delincuentes” y “alienados” para reducirlos y controlarlos en distintos espacios. Se trata el auge de los médicos criminólogos y peritos y sus respectivos abordajes.
El apartado “III Maricas” contiene 11 subapartados y el epílogo, aquí el autor se explaya en la construcción y usos finiseculares de la homosexualidad. Se explica el mundo de los guapos, sirenas, asiáticos, eunucos, mujeres desnudas y la construcción del tercer sexo. Se muestra a la homosexualidad o la “degeneración” como el mal acechando los espacios claves tales como las escuelas y cuarteles del ejército en los que se realizaba la formación e instrucción del nuevo sujeto argentino. En este marco, la educación nacionalista aparece como la profilaxis contra el mal de lesbianas profesionales o las inversiones. Se hace referencia al estigma sobre el italiano como seductor y se hace referencia a los jóvenes pederastas argentinos. Desde el punto de vista cultural, se expone el valor del teatro como expresión del travestismo, se hace referencia a la educación anal, el retorno de lo reprimido o retención de flujos. Se desarrolla la idea de la militancia en los homosexuales y los invertidos profesionales, cómo se ha implantado perversamente los estereotipos del invertido, la cultura de maricas resistentes, la organización y desorganización de la nacionalidad, las estrategias para reorganizar la desorganización.
Jorge Salessi plantea dos grupos enfrentados, uno los tecnócratas positivistas o higienistas, que desde el Estado busca controlar la población de inmigrantes que, explícitamente, son tratados como focos de infección. Desde la epidemia de 1871 tanto las personas como sus espacios son etiquetadas como “focos" a partir de los que se propagaba la enfermedad. Con la producción de Esteban Echeverría “El Matadero” se inicia un nuevo paradigma basado en lo salubre/insalubre, se consideraba como focos de transmisión del mal a los saladeros, mataderos de la ciudad y las viviendas de los inmigrantes. Los higienistas pudieron consolidar su autoridad central, impulsaron leyes (de educación primaria y de Registro y Matrimonio Civil) para imponer conceptos de nacionalidad, clase y género asociadas con nociones de salubridad e insalubridad y controlar los movimientos demográficos, pudieron establecer un control “panóptico” sobre las ciudades y puertos, barcos o pasajeros: ejercían como “policía sanitaria de puertos y costas, observando los navíos que puedan importar gérmenes”, se trataba de “medidas profilácticas” que no buscaban impedir el tráfico, sino someter a observación a pasajeros sospechosos sobre todo los agricultores que también se trasladaban de un lugar a otro.
Desde el texto de criminología argentina publicado en 1905: “La delincuencia argentina a delincuencia argentina ante algunas cifras y teorías”, de Cornelio Moyano Gacitúa, las nuevas clases obreras fueron descritas como confusiones de cuerpos, líquidos y materias estancadas o aglomeradas en los espacios de la ciudad, el movimiento obrero era representado como una “patología” que podía ser eliminada mediante leyes represivas. En 1902 con la aprobación de la "Ley de Residencia" se autorizó la deportación de cualquier extranjero "sospechoso de atentar contra el orden público”, a la misma siguió otra ley llamada "Ley de Defensa Social" que buscaba reprimir y criminalizar a los anarquistas que tenían una clara estrategia sindical anarco-comunista. Por otra parte, la simulación fue una preocupación central de los criminólogos que buscaron desarrollar un sistema médico-legal de reclusión en asilos psiquiátricos paralelo al sistema de prisiones para delincuentes. Luego de diferenciar al delincuente del alienado se introducía técnicas de control y rehabilitación, como prácticas propias del positivismo. Justamente, la "consagración definitiva de la Escuela Positiva" y "su aceptación por la autoridad policial" transformó la Policía Federal en una agencia estatal que utilizaba procedimientos ilegales para recolectar y procesar información sobre "alienados", sobre las clases bajas y sobre las organizaciones y movimientos obreros. Los médicos criminólogos, con sus historias clínicas y pruebas periciales, sus textos producidos y promovidos como documentos legales con valor de sentencia, le dieron prestigio y cobertura científica a la Policía Federal, los criminólogos también tenían rango de oficiales de policía. La vigilancia transformó todo el espacio de la ciudad en un gran asilo en el que la "Sala de Observación" representaba una de las torres de vigilancia desde la que se realizaba la observación panóptica que trataba de individualizar o identificar a cada uno de los habitantes, obreros, enfermos, prisioneros, o escolares. Los profesionales de la medicina legal, a principios del siglo veinte se transformaron en criminólogos y pusieron bajo su control y articularon los espacios en los que se realizaba la observación, interrogación y clasificación de personas arrestadas y detenidas, separados de los cuerpos de personas muertas sobre las que se practicaban autopsias, es decir, también se observaba e interrogaba los cuerpos muertos.
Según J. Salessi se inventó la homosexualidad como el mal acechando los espacios claves tales como las escuelas y cuarteles del ejército en los que se realizaba la formación e instrucción del nuevo sujeto argentino. Se construyó una teoría de la degeneración y de la regeneración que enfatizó la importancia y el poder rehabilitador del medio ambiente que sí podía ser manipulado y controlado por los hombres de ciencia preceptores de la nueva nacionalidad. Frente al avance de la nueva mujer en Europa y EEUU, se plantea la invasión del tercer sexo, para Bunge se trataba de mujeres, obreras y profesionales visibles en organizaciones feministas, socialistas y anarquistas. Esas mujeres etiquetadas como "sirenas" se deslizaban a través de las fronteras y transitaban entre espacios y clases sociales para realizar una tarea de concientización que preocupó a los burócratas e intelectuales que trabajaban para el Estado. Esta mujer fue estigmatizada como prostituta, era la que trabajaba fuera de casa y en la calle. Para controlar a esa mujer, caracterizada como "eso" —la forma gramatical neutra o andrógina confundía lo "femenino" del sexo biológico de la mujer con el rol "masculino" del (in)dividuo (el andrógino no dividido, ni mujer ni hombre o mujer y hombre) que "hace concurrencia al hombre"—, Bialet-Massé utilizó la descripción del "tercer sexo", sexo intermedio. La homofobia y el pánico homosexual fueron utilizados para controlar y reforzar la cambiante estructura genérica de la economía transformada por la independencia de mujeres que trabajaban por un salario y competían con los hombres en el mercado de trabajo. La sanción médico legal de la “inversión” fue utilizada para reprimir y contener una compleja cultura homosexual de hombres de todas las clases sociales que se identificaban, o no, como homosexual es, maricas o uranistas pero sí tenían relaciones sexuales y afectivas con otros hombres.
La sanción del discurso médico suplió la ausencia de sanción legal promoviendo sanciones sociales, se marcaron aquellos lugares que contribuían a la propagación de las desviaciones sexuales adquiridas; allí donde proliferaban las relaciones sexuales entre hombres que iban a ser los futuros ciudadanos argentinos, los hombres de ciencia se vieron obligados a representar dos formas de homosexualidad: una, “rara, excepcional y disculpable”, de "verdaderos invertidos congénitos", y otra más común, que proliferaba y se propagaba gracias a una contra-educación perversa de prácticas sexuales aprendidas en las instituciones degeneradoras concebidas sin embargo como ideales para la acción regeneradora de médicos, criminólogos y pedagogos. Los hombres de ciencia trataron de mantener la binaridad del género en esa definición de roles receptivos ("pasivos") o insertivos ("activos") presuntamente permanentes, de invertidos que adoptaban solamente un rol receptivo y seductores que adoptaban solamente un rol insertivo. Pero las “maricas” entremezclaban, superponían y confundían las categorías presuntamente fijas que habían inventado los sexólogos. Por ejemplo, se estigmatizo al italiano como degenerado y extranjero que llegaba, invadía, como una enfermedad y como una fuerza política que de no ser controlada en las instituciones regeneradoras argentinas podía transformarse en una patología social y cultural. La militancia representaba la posibilidad o latencia de la patología, el mal lo representaban maestros o celadores, sirvientes o peluqueros que entraban a pervertirlos espacios burgueses predando en sus niños. En cambio, entre los niños de las clases bajas, especialmente los hijos de los inmigrantes italianos, estos hombres de ciencia describieron la homosexualidad como una perversión que aparecía "naturalmente", como una práctica significativamente asociada a una vida en la libertad de la calle, es decir fuera del sistema disciplinario de asilos, hospicios, cárceles, prisiones, escuelas o cuarteles administrados por el estado.
El autor se dedica a analizar el significado de la homosexualidad desde las expresiones culturales (teatro, fotografía, tango) en espacios o lugares de las inversiones. El prostíbulo del tango en su época de música prohibida, la agencia de esta nueva cultura, fue un espacio tan paradigmático como el de la ópera, el teatro y el circo del Buenos Aires de fines de siglo. En el prostíbulo se dio una transferencia fundacional de modelos y códigos semánticos entre las distintas clases sociales y grupos culturales que se gestaron con la inmigración. El prostíbulo fue ese espacio en el que enriqueciéndose también se confundieron categorías que generalmente se mantenían separadas u opuestas en una confusión enriquecedora, allí se congregaron y entrecruzaron todas las nacionalidades, grupos y subgrupos culturales económicos y sociales del Buenos Aires de 1900
En esta producción es posible encontrar un abordaje peculiar sobre temáticas que hasta el día de hoy son tabú, se trata de una lectura distinta de aquellos que enmarcados en el aparato estatal impulsaron la modernización del país, que buscaban controlar lo externo, el flujo, los focos posibles de enfermedad a una sociedad que emerge como un cuerpo saludable. Resulta deslumbrante cómo el escritor despliega una taxonomía enmarcada en paradigmas históricos y explica la extrapolación de metáforas al campo cultural. También es notable como las prácticas culturales concretas cuestionan las imposiciones acerca del deber ser o se resiste a ser normalizado.
Las distintas y abundantes fuentes utilizadas por el autor nos brindan otra información o interpretación de los hechos presentados, hay otro sentido y contexto a la creación de categorías que con el transcurrir del tiempo se fueron instalando en nuestro lenguaje. Salessi logra mostrar el contra- discurso, es decir, las voces de los homosexuales, sus historias, sus producciones que aparecen en las fuentes tensionando los registros científicos, o están filtrados en la literatura, su enfoque es cultural y expone un punto de vista comprometido donde el autor asume un lugar critico: el de “las mujeres y los hombres que no nos ajustamos a las normas genéricas y sexuales tradicionales” .