sábado, 23 de octubre de 2021

LA CONSTRUCCION DE LAS MEMORIAS


*Santul María Ester

 

Introducción

 

El trabajo sobre las memorias, qué son, cómo se construyen, lleva a revisar la relación del historiador con el pasado, con la definición de su objeto de estudio, la realización de nuevas preguntas, la construcción metodológica y su posicionamiento historiográfico. El contexto actual es favorable para reflexionar sobre las implicancias de la renovación historiográfica de posguerra y de la historia reciente; a partir estos abordajes es posible comprender los desafíos que implican la construcción de las memorias en relación a las identidades, siempre en disputa, en el marco del afianzamiento de la historia oral como una metodología dirigida a la construcción de nuevas fuentes para la investigación, en consonancia con aquellos colectivos y temáticas marginadas por la historiografía tradicional.

Desde estas consideraciones se realizará aquí un breve recorrido de los autores de referencia para responder a una serie de interrogantes vinculados a la historia oral y memorias, explorando o reconociendo algunas propuestas que colaboran en la construcción de la historia social “desde abajo”. 

 




ACERCA DE LAS MEMORIAS

 

Para Elizabeth Jelin (2001), las memorias individuales están enmarcadas socialmente y estos marcos son portadores de la representación general de la sociedad, de sus necesidades y valores, incluyen la visión del mundo, sólo se puede recordar cuando es posible recuperar la posición de los acontecimientos pasados en la memoria colectiva. La presencia de lo social siempre está, aún en los momentos más individuales, los recuerdos personales están inmersos en narrativas colectivas reforzadas por rituales y conmemoraciones grupales. Como esos marcos son históricos y cambiantes, en realidad, toda memoria es una reconstrucción más que un recuerdo. La autora aclara que las memorias colectivas igual deben ser entendidas como una construcción donde participan distintos actores sociales (inclusive a los marginados y excluidos) donde hay disputas y negociaciones de sentidos del pasado en escenarios diversos. Si bien todo proceso de construcción de memorias se inscribe en una representación del tiempo y del espacio, estas representaciones -y, en consecuencia, la propia noción de qué es pasado y qué es presente- son culturalmente variables e históricamente construidas. Y esto incluye las propias categorías de análisis utilizadas por investigadores y analistas del tema.

La autora igual distingue dos tipos de memorias, las habituales y las narrativas. Dentro de las segundas están las que pueden encontrar o construir los sentidos del pasado y heridas de la memoria que conllevan dificultades para construir su sentido y armar su narrativa. Estas memorias narrativas se inscriben en situaciones donde la represión y la disociación actúan como mecanismos psíquicos que provocan interrupciones y huecos traumáticos. Aquí tanto el olvido como el silencio nos permite comprender sobre el proceso de selección en tanto que la memoria es selectiva. Tanto las borraduras como los olvidos pueden ser producto de una voluntad o política de olvido y silencio por parte de actores que elaboran estrategias para ocultar y destruir pruebas y rastros, impidiendo así recuperaciones de memorias en el futuro. En casos así, hay un acto político voluntario de destrucción de pruebas y huellas, con el fin de promover olvidos selectivos a partir de la eliminación de pruebas documentales. Sin embargo, los recuerdos y memorias de protagonistas y testigos no pueden ser manipulados de la misma manera. En este sentido, toda política de conservación y de memoria, al seleccionar huellas para preservar, conservar o conmemorar, tiene implícita una voluntad de olvido. La memoria como construcción social narrativa implica el estudio de las propiedades de quien narra, de la institución que le otorga o niega poder y lo/a autoriza a pronunciar las palabras, implica también prestar atención a los procesos de construcción del reconocimiento legítimo, otorgado socialmente por el grupo al cual se dirige. La recepción de palabras y actos no es un proceso pasivo sino, por el contrario, un acto de reconocimiento hacia quien realiza la transmisión.

Allier Montaño E. (2008) en su trabajo sobre el lugar de la memoria en la historia reciente de Uruguay, señala que los lugares de memoria parecen confirmar la hipótesis de que se trata de sitios nacidos de la propia efervescencia de la memoria y no de su desaparición. En caso de que, si algunos lugares de memoria pretenden dejar de existir una vez que su cometido fue cumplido, se debe mencionar la existencia de lugares de amnesia, es decir aquellos que cristalizan el olvido de un acontecimiento o un periodo de la historia. Desde este punto de vista se considera que los lugares tienen un valor simbólico y ello es fundamental para la transmisión de la memoria, dado que esta no puede realizarse en el vacío.

Los lugares de memoria transmiten una interpretación del pasado a la sociedad, así las nuevas generaciones, la población que no ha conocido los hechos de otra manera, retomará esas miradas y las hará propias (aunque también puede ocurrir que cree las suyas propias). Es por ello entendible que algunas nominaciones conciten el debate, pues los diversos actores políticos no están dispuestos a que sus visiones de la historia sean borradas de los espacios urbano y público del país. De hecho, esta multiplicidad de versiones expresa el deseo de apropiación del pasado por los diferentes actores sociales. Entonces, los lugares de memoria no son solo artefactos donde se depositan recuerdos y olvidos del pasado, artilugios inmovilizados en el tiempo, sino que tienen historia. Son lugares mixtos, híbridos y mutantes, íntimamente cargados de vida y de muerte, de tiempo y de eternidad. Es decir, están ligados a procesos: orígenes, desarrollo, a veces un fin. Esto se evidencia en el caso de las conmemoraciones ya que las fechas y aniversarios son coyunturas en las que las memorias de una nación son producidas y activadas; son las ocasiones públicas en que los actores sociales y políticos pueden movilizar los diversos sentidos que se le otorgan al pasado. Las conmemoraciones definen un nuevo calendario de la vida pública, imponiéndole sus ritmos y sus plazos. Esta última se pliega y se sirve de ello, intentando conciliar memoria, pedagogía, mensajes políticos para lo inmediato.

 

EMPRENDEDORES DE LA MEMORIA

 

Actualmente se vienen llevando a cabo distintas propuestas para trabajar con las memorias, una de ellas es Grupo de Estudios sobre Memorias Alterizadas y Subordinadas (GEMAS) que, desde distintos campos de estudios y universidades del país, se proponen abordar las memorias de sujetos y grupos alterizados y subordinados. La idea no es reconstruir sus memorias a partir de relatos fragmentados, sino “comprender las perspectivas, las conceptualizaciones y las definiciones ensayadas por ellos, no solo en relación con la memoria, sino también sobre secretos, agencia, historia, futuro, etcétera”[1]. Se trata de acompañar y reflexionar junto a ellos sobre las reconstrucciones y conceptualizaciones que llevan a cabo y, a través de este diálogo, cuestionar presupuestos y reorientar la práctica académica. Este colectivo, entiende al campo de la memoria desde una amplitud de disciplinas, temas, intereses, enfoques y marcos teóricos y metodológicos, la base de su trabajo ha sido la apertura que generó los estudios sobre memoria se centraron en las experiencias sufridas por las víctimas directas e indirectas, antes, durante y con posterioridad al terrorismo de Estado llevado a cabo durante la última dictadura cívicomilitar- eclesiástica (1976-1983). De allí surgieron debates y discusiones que habían estado ausentes en las sucesivas dictaduras militares, y se forjaron las primeras herramientas conceptuales considerando el vacío teórico y metodológico respecto a los procesos de recordar y olvidar entre grupos cuya vocalidad ha sido históricamente silenciada, construidos como otros internos u otros externos por las narrativas de una nación imaginada como blanca y homogénea.

Carnovale, Lorenz y Pittaluga (2004) también nos aporta sobre la constitución de un archivo oral sobre el Terrorismo de Estado en la Argentina (1976-1983) que fue parte de una convocatoria desde Memoria Abierta para compartir con las generaciones futuras de sentar las bases de un Museo de la Memoria sobre la última dictadura militar argentina. En principio la tarea buscó establecer criterios para la preparación y construcción del archivo de testimonios audiovisuales, de analizar la relación entre memoria y política, y su relación con las decisiones a la hora de realizar entrevistas a personas que relatan experiencias de situaciones extremas. Debatir sobre los alcances de las preguntas a fin de no hacer de la entrevista un nuevo momento del terror, condujo a reflexionar sobre los criterios teóricos e historiográficos implicados, y sobre la propia subjetividad comprometida, es decir sobre la propia politicidad. El archivo es en si un acto de memoria donde se realiza una selección de aquellos elementos del pasado que se quiere registrar y problematizar, selección que exige explicar sobre qué y cómo preguntar y que, a su vez, evidencia su carácter político. En esta situación interviene también la específica posición de la institución promotora del archivo. Se trata de restituir una identidad donde el terrorismo de Estado intentó anularla; rescatar un pasado, una existencia, una humanidad, donde el terrorismo de Estado pretendió el olvido total, se trató de registrar el terror sin (re)producirlo, es decir, evitar que el registro contenga alguna dimensión justificadora de la violencia estatal.

Carnovale, Lorenz y Pittaluga señalan que los testimonios son imprescindibles, pero no son suficientes. Construir memoria colectiva es también intervenir sobre los testimonios, producir interpretaciones, y en este caso particular, reunir en un archivo oral una constelación plural de testimonios que posibiliten la intervención historiográfica. En este sentido, la modalidad de entrevista apuntó a respetar la decisión del entrevistado en estos temas, a disminuir al máximo de nuestras posibilidades la violencia de repetición en la narración, a considerar la pluralidad de temáticas que los testimoniales están dispuestos a relatar. Mientras algunos testimoniantes se detenían en los momentos más duros de la tortura, los relataban detalladamente y hasta los expresaban corporalmente o asumían las distintas voces —las propias y las de los represores. Otros aprovechaban el momento para “des-victimizarse”, para salirse, en el relato, de la posición de objeto en que la tortura y el centro de detención los había colocado. Otros apenas mencionaban la cuestión y mostraban que no estaban dispuestos a hablar del tema por propia iniciativa.  Internarse en los temas vinculados a la tortura o en las condiciones de vida en los centros clandestinos de detención, apuntó a evidenciar los espacios subjetivos de resistencia, las líneas de fuga aún en situaciones límite, las solidaridades para la supervivencia, los gestos y los hechos que los detenidos-desaparecidos efectuaron para evitar el olvido total. En esta experiencia, el recuerdo individual tuvo la posibilidad de formar parte de la memoria colectiva, y en esa medida, como quería Walter Benjamin, hacer menos completos la injusticia y el dolor.

Otra experiencia expuesta por Bacci, Capurro, Oberti y Skurra (2014) tiene que ver con el análisis de más de sesenta testimonios de mujeres que forman parte del Archivo Oral de Memoria Abierta. Según las investigadoras, dichas entrevistas refieren a modalidades de violencia dirigida especialmente contra las mujeres en centros clandestinos de detención y cárceles como parte del sistema represivo del terrorismo de Estado. Su interés estuvo centrado en registrar que dicen las entrevistadas sobre los lugares, momentos e interlocutores con quienes han podido o querido hablar de esas vivencias y sus secuelas, y a sus percepciones sobre la experiencia de tomar la palabra, ya sea para denunciar judicialmente o para narrar sus experiencias. Se han distinguido las dificultades y obstáculos que se presentan al momento de reconocer las resignificaciones que actualizan esos relatos, sus respectivos antes y después, para así recuperar de estos no sólo lo traumático sino también aquello que rescata a quienes testimonian del estereotipo de la victimización. Se reconoce también cómo afecta el contexto social para hablar de esos temas, y en distintos momentos los testimonios han variado de acuerdo a lo que la propia sociedad era capaz de escuchar y aceptar de esos relatos, los testimonios del Archivo, por la forma de producirlos y de acompañarlos, así como por su carácter público, permiten incorporar aspectos que habían sido silenciados o que nadie había querido escuchar antes.

Hay una responsabilidad institucional y social de escuchar estos relatos y hacer lugar a la palabra de quienes sufrieron no debiera ocluir la comprensión más integral y compleja de la experiencia que atravesaron. Estas mujeres no quieren presentarse sólo como víctimas, buscan nombrar su experiencia y cómo conviven con ese trauma. Como plantearía Jelin, en esta construcción tampoco se trata de hacer abuso de memoria, es decir preservar una memoria “literal”, donde las víctimas y los crímenes son vistos como únicos e irrepetibles. En ese caso, la experiencia es intransitiva, no conduce más allá de sí misma, si se habla de olvido, lo que se está proponiendo es el olvido (político) de lo singular y único de una experiencia, para tornar más productiva a la memoria.

 

LA MEMORIA COMO RELATO: LA HISTORIA ORAL

 

Según A. Portelli (2018), la memoria implica un proceso continuo de elaboración de la forma. En un contexto de revisionismo historiográfico, la historia de la memoria deviene significativa y necesaria para la historia de los acontecimientos que se transforman o son reconocidos sólo a través de la operación de otorgarles un sentido, hecha por la memoria que selecciona algunos eventos en la inmensa e informe masa de los hechos cotidianos. En esa construcción de sentido, las fuentes orales no son encontradas por el historiador, sino construidas en su presencia, con su participación directa y determinante. Se trata, por tanto, de una fuente relacional en la que la comunicación se produce bajo la forma de un intercambio de miradas (entre/vista) de preguntas y respuestas, no necesariamente en una sola dirección.

Para Portelli, el trabajo con las fuentes orales es el arte de escuchar, que va más allá de la entrevista abierta, a menudo está más allá de lo que los interlocutores consideran como los límites de la entrevista y los conocimientos más impredecibles emergen en términos de relevancia. De esta manera, la historia oral es arte de la relación: la relación entre la persona entrevistada y la persona que entrevista (diálogo); la relación entre el presente en el que se habla y el pasado del cual se habla (memoria); la relación entre lo público y lo privado, la autobiografía y la historia; la relación entre la oralidad (de la fuente) y la escritura (del investigador). Las fuentes orales son importantes y fascinantes porque no se limitan a testimoniar sobre los hechos, sino que los elaboran y construyen un sentido a través del trabajo de la memoria y el filtro del lenguaje.

Para Barela Liliana, Migues Mercedes y García Conde Luis, (2004) la historia oral tiene una lógica, un procedimiento, una ética y una rigurosidad propia, busca aquello que no se encuentra en las fuentes existentes, lo que sólo a partir del relato de la gente y dentro del marco de una entrevista se pueda encontrar. Esta forma de abordaje reivindica el valor de las fuentes orales como forma de proporcionar presencia histórica a aquellos cuyos puntos de vista y valores han sido oscurecidos por la “historia desde arriba”. La subjetividad, la memoria y la particularidad de la fuente son las características que definen la historia oral que apela a la memoria del sujeto para hacer historia a partir del relato de sus recuerdos y la fuente es el testimonio que el individuo da dentro del contexto de una entrevista. Como sujetos singulares encarnan de manera única e irrepetible los valores, modas, costumbres, normas, mitos del orden familiar, grupal, social, etc., que los incluye y lo hacen dentro de un contexto social continuamente afectado por las contradicciones, rivalidades y tensiones de sus miembros. La historia oral no le escapa a la anécdota o a la nostalgia, las trasciende, las incluye en el análisis global, cuando habla el hombre lo hace en su doble condición de sujeto individual y sujeto colectivo, cuando crea y transmite sus recuerdos lo hace desde esa doble condición. El recuerdo colectivo presupone y se expresa sólo a partir del recuerdo individual. Sin la presencia de ambos resulta impensable la formación de la conciencia y, por lo tanto, de la memoria colectiva histórica. La confiabilidad de un informante, de su memoria (en el sentido de capacidad de recordar), no pasa porque haya olvidos o errores en su información (que pueden ser contrastados de diferentes maneras) sino por la presencia de esos olvidos significativos que tienen que ver con esta forma de caracterizar la memoria, por el olvido de esos recuerdos que darían cuenta de los valores, mitos, costumbres, prejuicios, creencias, del contexto grupal, social, económico, cultural, de pertenencia y son ésos los que los historiadores tienen que analizar.

La historia, por su parte, además del tiempo corto, se pregunta por los movimientos de larga duración, por los procesos históricos e intenta descubrir lo que subyace, no lo aparente o lo que expresa el dato en sí mismo.  Generalmente los trabajos de historia oral exponen un relato de vida históricamente valioso o con valor paradigmático (biografías), varios testimonios paralelos, complementarios, sobre un tema restringido, por ejemplo, sobre los orígenes de un barrio o localidad, o de protagonistas de una huelga, etc. (conjunto de historias), utilización de fuentes orales en el marco de una investigación tradicional o análisis histórico global de un período (la fuente oral como un documento más).

El historiador oral debe escuchar plenamente alerta, con mente histórico-crítica además de inhibir toda reacción o respuesta personal, ya que no se encuentra allí para demostrar sus conocimientos y mucho menos imponer sus preconceptos, sino que “están allí como comadronas en la recreación de la historia de una vida” (ibidem, 2004:23).  

Por otra parte, es preciso establecer una diferencia entre un archivo de historia oral de un archivo de voces o de un archivo oral. El archivo de historia oral está compuesto por los documentos creados a través de las investigaciones realizadas con la metodología de historia oral; es un producto que cobra sentido como resultado del proceso de investigación. El acento no está puesto en la oralidad ni en que se trate de personajes famosos o que se refieran a un hecho de cierto valor histórico o cultural. El documento, en este tipo de metodología, es el que surge del encuentro, dentro del marco de una entrevista, entre el historiador y el informante, y estas entrevistas estarán estructuradas de acuerdo con los temas a investigar y a las hipótesis que maneje el historiador. Por eso es necesario que el archivo esté acompañado con una reseña de la investigación de la cual surge, donde mínimamente figure el tema, las hipótesis, ciertas características de los entrevistados, como, por ejemplo: edad, ocupación, lugar de residencia, o cualquier otro dato que contribuya a dar mayor y mejor sentido a lo que el consultante va a escuchar. Sería muy valioso establecer un archivo y que el mismo esté abierto a la consulta pública, siempre y cuando los entrevistados no tengan reparo en ello y haciendo reserva de sus nombres o partes del documento si así lo exigieran. Es importante también que otros investigadores puedan tener acceso a las fuentes de igual manera que lo hacen con la bibliografía o documentos existentes en cualquier archivo tradicional.

 

Conclusión

La memoria ha sido el eje transversal en esta exposición, se ha dejado en evidencia que no se trata de una sola memoria sino de memorias en disputas, en este sentido se valora la necesidad de reconocer sus dinámicas, la memoria abierta al recuerdo y la amnesia, al pasado y al olvido. La memoria se produce en tanto haya sujetos que comparten cultura y hay quienes buscan materializar los sentidos, por ejemplo, a través de archivos, museos, monumentos, por otra parte, el abuso de la memoria también pone en juego como la recuperación del pasado resulta utilizada por diversos grupos para resaltar intereses propios, en muchos casos manipulando los sentidos de veracidad de la historia o mercantilizándola, como un producto vendible.  Las distintas propuestas sobre la construcción de las memorias son un camino abierto para reflexionar significativamente sobre las metodologías para la construcción de narrativas o relatos.  A la investigación histórica, sin duda se le presenta varios desafíos, principalmente, definir desde donde o desde que lugar ideológico y político delimitará su objeto de estudio, los objetivos e hipótesis, el investigador debe ser coherente en relación a las metodologías que encaucen y debe ser precavido a la hora de interpretar la información obtenida. Más allá de estos procesos, también debe estar abierto y ser sensible a las nuevas preguntas o nuevas dimensiones que surjan de su proyecto o proyectos colectivos de investigación. El investigador como los sujetos investigados tampoco está exento de la dinámica social y las relaciones de poder que lo atraviesa y lo configura.

 

 

 

 

 

 

  * Estudiante Profesorado en Historia, UNPSJB

 

 

 

 

 

 

 

 

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