sábado, 23 de octubre de 2021

A cien años de las huelgas obreras en Santa Cruz en 1920/21

*Santul María Ester

En torno a las huelgas obreras de Santa Cruz de 1920/1921, Lucero y Navas (2018) señalan que, por mucho tiempo, las mismas fueron abordadas desde la perspectiva de las clases dominantes locales que valoraron positivamente el accionar del ejército, el desmedido (antipatriótico) reclamo de los trabajadores urbanos y rurales que ponían en peligro estos territorios, silenciándose tanto las persecuciones como los fusilamientos. Al respecto el ex gobernador E. Correa Falcón, publicó en 1958, “Los sucesos de Santa Cruz 1919 a 1921”, en la que se evidencia dicha posición de la clase dominante, afirmándose que las condiciones de los obreros se habían deteriorado como consecuencia de la Ley de Aduana, deslegitimando sus demandas. Por otro lado, el mismo autor inscribe la acción del ejército dentro de una misión heroica de sostenimiento de la soberanía argentina. Posterior a los sucesos de 1921, las voces de los obreros y peones rurales tuvieron lugar en los periódicos cercanos al movimiento obrero (“La Verdad” de José María Borrero, en Santa Cruz; y otros en Buenos Aires como “La Vanguardia”) que dieron algunos testimonios de huelguistas que sobrevivieron a las matanzas y relataron el accionar del ejército, la policía, los estancieros y sus organizaciones. Pero esta perspectiva sobrevivirá como una “memoria débil”, circunscripta a determinados sujetos y espacios, mientras que para la mayoría de los ciudadanos del Territorio de Santa Cruz y de la Nación será el silencio y la perspectiva hegemónica la que predominará en la construcción de esa memoria. Una excepción, en esta etapa, será la del gobernador J. Cepernic quién durante su gestión y previo a su derrocamiento (1973-1974), permitió y facilitó las investigaciones de O. Bayer y el posterior rodaje de la Película La Patagonia Rebelde (1974). Tanto el libro como la película de Osvaldo Bayer promovieron el surgimiento de memorias a partir de la acción de organizaciones sociales que influyeron en el ámbito de las intendencias y comisiones de fomento y se impulsó la revisión de los hechos. Particularmente, la película proyectó la imagen de un territorio en disputa entre dos grupos antagónicos. Por un lado, los terratenientes como expresión del capitalismo en expansión, legitimados por el Estado con el ejército y policía a su servicio y por otro, los obreros (trabajadores de hoteles, estibadores, peones) que solicitaban condiciones dignas de trabajo, discutían en asambleas y buscaban poner en acción distintas ideologías que fundamentan su organización y metodología consensuada. La Patagonia, en el film, era vista como el sueño de aquellos inmigrantes que buscaban mejorar sus vidas a través del trabajo y de la creación de una familia, mientras que para los estancieros era el espacio para la explotación y la obtención de máximas ganancias: su discurso giraba en torno a la defensa de la “patria” en tensión con las ideologías de los trabajadores vinculadas al comunismo, socialismo, anarcosindicalismo y con el temor de que Chile invadiera y se apropiara de estas tierras. Ellos hacían referencia a la no internacionalización de la Patagonia, sin embargo, al terminar la película, se observa el festejo de sus ambiciones (fusilamiento de los huelguistas) interpretando una canción en inglés. Según Héctor Olivera[1], director del film, el rodaje se realizó en unas serranías de Río Gallegos y en la estación de ferrocarril de Puerto Deseado, en las estaciones de ferrocarril Tehuelches y Jaramillo. Esta producción, al principio fue censurada por Perón pero luego éste mismo autorizó su proyección en todos los cines del país, luego de su muerte la película fue censurada por el Gobierno de Isabel Perón, sólo pudo ser exhibida con el regreso de la democracia formal en 1984. Otra cuestión que se resalta de la película es que los represores aparecen con nombres ficticios en tanto que el nombre de las víctimas es real, se hizo de esa manera por las leyes vigentes en Argentina ya que los familiares de los miembros del Ejército que aparecían en el film podían llevar a juicio tanto al director de la cinta como a los productores o autores del libro o guion[2].  Todo estaba demostrado con testimonios, con documentos, con crónicas periodísticas, los militares nunca pudieron demostrar judicialmente que en La Patagonia Rebelde existiera una sola escena falsa.Para Lucero y Navas el film se constituyó como una memoria contra-hegemónica. El retorno a la vida democrática generó un compromiso militante de ciudadanos particulares, investigadores y de organizaciones de la sociedad civil que fueron revirtiendo el olvido impuesto sobre aquel pasado. En el año 2009, se sancionó la Ley Provincial N° 3056, a través de la cual se creó el Circuito histórico y turístico de las huelgas de 1921 y se sanciona la Ley 3222 de 2011, que lo demarca. Desde el análisis del cuerpo de la Ley y el proyecto que la impulsó se sabe que su fundamento histórico fue más bien escaso y se limita a la mención de la obra de Osvaldo Bayer como principal elemento de soporte. Tampoco se incluyen, como parte del circuito, algunos sitios significativos de las huelgas tales como las localidades de Puerto San Julián, Puerto Santa Cruz y Río Gallegos; además está ausente la Estancia La Anita uno de los sitios emblemáticos de este proceso histórico. Al cumplirse cien años de los hechos, no se impulsaron procesos de justicia sobre la participación del Ejército Nacional, las Fuerzas de Seguridad o reparación a las familias de los obreros; es decir, los fusilamientos, sus autores materiales e intelectuales tienen una total impunidad. Se trata de una memoria que presenta al Estado a través del ejército como brutal y principal responsable de los fusilamientos, dejando en un segundo plano al gobierno del Territorio y donde la participación de los sectores de la sociedad civil queda aún más diluida. Los Estancieros aparecen como sinónimo de grandes terratenientes y latifundistas, como un colectivo homogéneo ideológicamente sin proponer los matices que existieron en relación a quienes eran propietarios de establecimientos rurales. En relación a los trabajadores se observan deslizamientos en la construcción de la figura del huelguista rural, es decir, de la caracterización de los trabajadores víctimas del accionar excesivo del Estado se desplaza a la de huelguistas combatientes, héroes, mártires que dieron su vida para sostener la lucha contra las grandes corporaciones económicas en la región.



Desde los estudios de M.  Zubimendi, P. Sampaoli, y A. Tagliorette,  se analiza la
incidencia de las huelgas de peones rurales en el Noreste de Santa Cruz de 1920-1921, con el fin de valorar el patrimonio material e inmaterial vinculado con estos trágicos sucesos y, en última instancia, localizar y definir el lugar de emplazamiento de los peones rurales fusilados en este territorio. Dichas investigaciones se realizan desde un enfoque interdisciplinario que incluyen la participación de historiadores, arquitectos, arqueólogos y especialistas en medios audiovisuales y turismo de la Unidad Académica Caleta Olivia de la Universidad Nacional de la Patagonia Austral.  Para estas investigaciones igual se construyó un Sistema de Información Geográfica y una base de datos documental sobre los sucesos de las huelgas rurales de los años 1920 y 1921 -pero cuyas consecuencias continuaron hasta el año 1922- en el ámbito del Noreste de Santa Cruz. De esta forma no sólo se brinda nueva información sino también se muestra el potencial de la aplicación de estas metodologías y herramientas en los estudios históricos sobre esta temática, la cual ha sido escasamente estudiada en esta zona en particular de la provincia de Santa Cruz. Se construyó una base de datos geográfica para ubicar espacial y temporalmente cada suceso; se hicieron cartografías temáticas para tener una visión gráfica de la huelga. A su vez, se trabajó en dos escalas espaciales: una mayor escala y baja resolución específica (p.e. locación exacta de campamentos), que permitiera organizar los lugares donde ocurrieron los eventos y crear una secuencia espacial de los mismos; y una menor escala para aquellos casos de interés especial que requieren una mayor precisión en las fuentes utilizadas y que pudiera ser útil para identificar lugares específicos (p.e. entierros o fosas comunes).  A partir de esa información su realizó el trabajo de campo para encontrar restos materiales que permitan situar algunos de los sucesos mencionados como, por ejemplo, tumbas masivas o campamentos de los huelguistas. Se hizo una reconstrucción de la historia y cambios de los usos del suelo del Departamento Deseado, en especial de los establecimientos ganaderos. Se buscó establecer quienes eran los dueños de los campos, detectar los cambios en las denominaciones de las estancias, para ello se usaron libros y relatos de antiguos pobladores o sobre las estancias patagónicas y se generó un mapa de las estancias y sus dueños o administradores al momento de la huelga. Igual se realizó una lectura pormenorizada y sistemática de la bibliografía existente en relación a la huelga de 1921 tales como la obra Los Vengadores de la Patagonia Trágica y otras obras de Osvaldo Bayer, Diario de Guerra del Ejército Argentino (1922) y pobladores o peones rurales, se incorporaron entrevistas y descripciones realizadas por historiadores de la zona (Reinoso 1999; Suarez Samper 2010; Santos 2012, entre otros). También se ha empleado el archivo sonoro del proyecto de investigación, en el cual se cuenta con entrevista a antiguos pobladores y descendientes (Sampaoli e Ibarroule 2010). La reconstrucción de los movimientos de personas específicas en el marco de la huelga de fines de 1921 fue posible a través de las declaraciones brindadas ante la justicia por parte de aquellos peones que fueron capturados y no fueron fusilados. Otra fuente para este tipo de reconstrucción lo constituye un manuscrito realizado por un peón rural llamado José “Pepe” Castagno, quien vivió en la ciudad de Pico Truncado, y donde relata pormenorizadamente los sucesos que le tocaron vivir durante la huelga con una precisión diaria y clara de los lugares que recorrió.  Se trata de brindar un aporte al desarrollo local, sin banalizar lo ocurrido, con la posibilidad de avanzar un poco más sobre la sociedad, involucrándola, y en última instancia conocer y determinar dónde, cuándo y de qué manera fueron fusilados estos peones. Se ha podido avanzar con la Comisión de Fomento de Fitz Roy y Jaramillo, lugares que fueron centrales en el desenlace de la huelga de 1921, se busca generar un museo relacionado con la historia de la huelga y especialmente en la figura de Facón Grande; así como también su incorporación dentro de circuitos turísticos relacionados y concretamente el circuito denominado “El camino de la huelga en el Noreste de Santa Cruz”. Se trata de vincular el patrimonio inmaterial con las comunidades locales, dar a conocer esta parte de la historia a las comunidades que actualmente viven en la zona y generar políticas para su incorporación como vías de desarrollo local sustentable.

Desde otro análisis, Luis Mancilla Pérez[3], señala la participación de los migrantes chilotes en las huelgas, los cuales no fueron la masa inerme que solo obedeció y cobró, como señaló Bayer. Eran mano de obra de Chiloé era mal pagada que emigró como peón golondrina para huir de la pobreza y la falta de expectativas en Chiloé, invisibilizados en una "fuerza de trabajo campesina", subsumido en la categorización de peón rural, ñango, chilote, indio, sin identidad social.  Sin embargo, los chilotes, en el marco de las huelgas, no fueron simples marionetas llevadas como ovejas al matadero, como lo relata el cónsul de Chile en Rio gallegos. Hubo dirigentes chilotes en la FOM y también gran cantidad de obreros que participaron de las huelgas. Cerca del 80% y más de los obreros de las estancias eran chilotes como así también sus lideres (José Descubieres Cárcamo, nacido en Quinchao, Antonio Leiva asesinado en la estación Tehuelches, Bautista Oyarzun fusilado en la estancia San José; Juan Álvarez, Miguel Saldivia, y Oscar Mansilla, fusilados en la estancia Punta Alta). Gracias al periódico El Trabajo, de la FOM, se pudo conocer la dimensión de estas matanzas mientras que los periódicos La Voz de Castro y La Cruz del Sur siempre dijeron que un ejército de bandoleros invadiría la región de Aysén, y que esos bandoleros quemaban estancias, asaltaban almacenes, habían tomado la ciudad de Rio gallegos y, en violentos combates, se enfrentaban con el ejército argentino. Esa fue la versión que difundieron los estancieros y la versión que daba de sus operaciones militares el teniente coronel Héctor Varela. Según Mancilla Pérez, desde Chile se movilizó tropas del regimiento Llanquihue de Puerto Montt y una compañía de ametralladoras del regimiento Chiloé de Ancud. En el destructor Williams, casi un centenar de soldados fueron embarcados y llevados a la región de Aysén a custodiar la frontera desde Balmaceda hasta Rio Cisnes, para impedir que los obreros que escapaban de la matanza pudieran ingresar a Chile, la excusa fue que un ejército de bandoleros invadiría Aysén mientras que los obreros apresados queriendo ingresar a Chile eran entregados a la policía o al ejército argentino. Se desconoce el número de prisioneros, de los que se rindieron o los que tomó el teniente coronel Héctor Varela, muchos se perdieron, se aplicó la ley de fuga. Casi el 90% de los presos provenían de Chiloé o eran chilotes o hijos de chilotes, muchos familiares y conocidos denunciaron ante el cónsul de Chile en Rio gallegos que estos presos sufrían maltratos y torturas, que realizaban trabajos forzados, pero el cónsul nunca interpuso una queja o visitó a sus compatriotas presos "por delitos sociales". Recién en el 2012 con la publicación del libro "Los Chilotes de la Patagonia Rebelde" de Luis Mancilla Pérez se pudo rescatar la historia de los trabajadores emigrantes chilotes fusilados en una patria ajena.  También, cada año en el periódico El Insular de Chiloé, dicho autor escribe artículos denunciando el olvido y la injusticia ante la indiferencia de los políticos, de los medios, defensor de los derechos humanos, difusor

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