sábado, 23 de octubre de 2021

Alberdi y Sarmiento: la construcción de un nuevo orden

 

Santul María Ester 

 


En el contexto de organización del Estado nacional se destacan dos propuestas que develan las ideas políticas del siglo XIX, la concepción de lo social, de lo económico, entre otros aspectos, y en el marco de lo que se conoce como movimiento romántico inaugurado en el Rio de la Plata. La formación intelectual de Sarmiento y Alberdi se comprende a través de las reformas promovidas por los gobiernos rivadavianos e inspiradas en las ideas de la Ilustración, también ambos son exponentes de la Generación del 37.

La formación del Estado nacional se inscribe en el contexto económico capitalista en expansión. Tulio Halperin Dongui[1], al analizar a Alberdi señala que para éste la creación de una sociedad más compleja implica una nueva economía forjada bajo la dirección de una elite política y económica consolidada en su prosperidad por la paz de Rosas[2] y heredera de los medios de coerción por él perfeccionados. Esa elite contaría con la guía de letrados dispuestos a aceptar su nuevo y modesto papel de formuladores de programas capaces de asegurar la hegemonía y prosperidad de quienes tienen el poder.

Para Alberdi[3], el crecimiento debe ser acelerado, pero sin ningún elemento redistributivo; el mercado para la producción está en el extranjero, la apelación al trabajo y al capital extranjero son el mejor instrumento para el cambio económico. El país necesita de la inmigración que traería al país el progreso y la cultura, los factores de producción, el ferrocarril, la libre navegación interior y la libertad comercial. La industria traería orden y moralización a través de los hábitos laboriosos y productivos introducidos por el inmigrante que la instrucción abstracta.  El plan de instrucción debería multiplicar las escuelas de comercio y de la industria, debe asentarse en las ciencias y artes de aplicación, a cosas prácticas, a lenguas vivas, a conocimientos de utilidad material e inmediata. Natalio Botana[4] agrega que [U1] el desierto, para Alberdi, era un vacio que habia que llenar con hombres e instrumentos de la sociedad industrial, la unidad política debería empezar por la unidad territorial.

Sarmiento también establecía la necesidad de un cambio para el progreso económico, el desierto era un territorio a sembrar y, una vez constituido el orden general, había que dar forma a ese inexistente ciudadano. El gobierno republicano era el molde donde debía vaciarse una materia de criollos e inmigrantes que vagaban sin rumbo ni sentido del bien público, lo público debía tener primacía sobre lo privado. Según N. Botana, Sarmiento exponía a la educación popular como un instrumento de conservación social, no porque ella podía disuadir al pobre de cualquier ambición sino para indicarle los modos de satisfacerla en el marco social existente, entonces el rol que pudiesen desempeñar los pobres debe estar previamente establecido por quienes dirigen el cambio.  El Estado debía promover la educación popular y la inmigración contra la barbarie, el mundo rural y el desierto, siguiendo el modelo norteamericano.

N. Botana sostiene que ambos intelectuales le dan sentido a la palabra libertad en relación a una organización institucional diferente. Alberdi interpela al habitante, es decir al individuo que necesita garantías del Estado para el ejercicio de su actividad. La inmigración que propone significaba el “trasplante” o instalación de una civilización ya formada (la europea). Sarmiento en cambio, se preocupa por la igualdad que, en términos de libertad, representa la participación en la vida política, es el ciudadano el que debe dar forma a la república a través de sus instituciones. Por otra parte, mientras que para Sarmiento los letrados tienen derecho a un lugar prominente en la sociedad, Alberdi desconfiaba de la elite letrada, si bien esta elite señalaría el camino a los grupos políticos y les revelaría donde estaban sus intereses, luego esa elite debía desaparecer. Para Sarmiento, la elite debía dirigir esos cambios socioeconómicos; a su vez, esos cambios se lograrían gracias al progreso sociocultural. Respecto a la forma de gobierno Sarmiento propone una forma federal, la convocatoria del Congreso para sancionar una Constitución, pero su preocupación era crear ciudadanos que actúen en el espacio público mediante la formación de municipios acercando de esta manera al ciudadano a las decisiones públicas.

Oscar Terán[5] señala que mientras que para Sarmiento la nación se construye desde la sociedad y desde el estado, para Alberdi el eje debe ser el estado y el mercado. Para Alberdi hay una escala en la que se constituyen distintos tipos de sujetos: primero, habitantes productores luego, sujetos políticos o ciudadanos, a través de una etapa económica, una social y otra política. Según esta perspectiva, Argentina aún estaría en el momento económico- social, aún no ha llegado el tiempo de la política, es decir que para ella no ha llegado el momento de efectivizar el sufragio universal. Esta república poco republicana, en donde está abierto el espacio de la sociedad civil (donde los habitantes desarrollan libremente sus actividades económicas) y clausurado el de la ciudadanía (o sea, el de las libertades políticas), es la que Alberdi llama “la república posible”, consistente en una nación donde una élite tutela a las masas, mientras la “educación por las cosas” difundida por la inmigración va cultivando a la población nativa y acercándose al momento de la “República verdadera” de sufragio universal.  En cambio, el motor de la llamada “república del interés” reside en el egoísmo, por el cual los individuos, persiguiendo la satisfacción de su interés privado, contribuirían a la pública felicidad, se trata, según O. Terán de una república aristocrática u oligárquica, esto es, un régimen político no democrático donde una minoría de la fuerza, del saber, de la virtud, del dinero o de todas esas cosas a la vez, se autoerige en dirigencia tutelar de una población garantizándole las libertades civiles pero manteniendo sin posibilidades de acceso a las libertades y a la participación política. Esta concepción introduce modificaciones respecto del modo en que se piensa la sociedad y la política en el modelo de la república de la virtud, porque en ésta el papel del estado es dominante y es la política la que adquiere un claro predominio dentro de las prácticas de construcción estatal.

Como se ha visto, ambos autores plantean una visión y un camino distinto hacia la república, las preocupaciones de Alberdi y Sarmiento por los peligros revolucionarios que afectaban a Europa, así como también las posibles reacciones, los colocó en situación de análisis y confección de propuestas para establecer un poder fuerte situado por encima de las facciones.  Rosas tenía el visto bueno de los intelectuales, era aquel que realmente concentraba el poder político- Alberdi lo veía como un mérito- ese poder era clave para la construcción de una nueva nación. Para Sarmiento, en cambio, era necesario la integración del mercado nacional junto a la creación de una masa letrada que motorice el consumo y el desarrolle del mercado.

 



[1] Halperin Donghi Tulio, Una Nación para el Desierto Argentino, Buenos Aires: CEAL, 1982, pp. 29-55

[2] Halperin Dongui destaca que Rosas es la figura representativa de Alberdi, gran hacendado y exportador que ha hecho la guerra para abrir su provincia de Entre Ríos el acceso al mercado ultramarino.

[3] Alberdi Juan B., Bases, Buenos Aires: Plus Ultra, 1980

[4] Botana Natalio, La Tradición Republicana. Buenos Aires: Sudamericana, 1984, Capítulo VI

[5] Terán Oscar. Historia de las ideas en la Argentina Diez lecciones iniciales, 1810-1980. Buenos Aires, 2008 Siglo XXI Editores Argentina



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