Santul María Ester
En el contexto de organización del Estado nacional se destacan dos
propuestas que develan las ideas políticas del siglo XIX, la concepción de lo
social, de lo económico, entre otros aspectos, y en el marco de lo que se
conoce como movimiento romántico
inaugurado en el Rio de la Plata. La formación intelectual de Sarmiento y
Alberdi se comprende a través de las reformas promovidas por los gobiernos
rivadavianos e inspiradas en las ideas de la Ilustración, también ambos son
exponentes de la Generación del 37.
La formación del
Estado nacional se inscribe en el contexto económico capitalista en expansión. Tulio
Halperin Dongui[1], al
analizar a Alberdi señala que para éste la creación de una sociedad más
compleja implica una nueva economía forjada bajo la dirección de una elite
política y económica consolidada en su prosperidad por la paz de Rosas[2] y
heredera de los medios de coerción por él perfeccionados. Esa elite contaría con
la guía de letrados dispuestos a aceptar su nuevo y modesto papel de
formuladores de programas capaces de asegurar la hegemonía y prosperidad de
quienes tienen el poder.
Para Alberdi[3], el crecimiento
debe ser acelerado, pero sin ningún elemento redistributivo; el mercado para la
producción está en el extranjero, la apelación al trabajo y al capital
extranjero son el mejor instrumento para el cambio económico. El país necesita de
la inmigración que traería al país el progreso y la cultura, los factores de
producción, el ferrocarril, la libre navegación interior y la libertad
comercial. La industria traería orden y moralización a través de los hábitos
laboriosos y productivos introducidos por el inmigrante que la instrucción
abstracta. El plan de instrucción debería
multiplicar las escuelas de comercio y de la industria, debe asentarse en las
ciencias y artes de aplicación, a cosas prácticas, a lenguas vivas, a
conocimientos de utilidad material e inmediata. Natalio Botana[4] agrega que [U1] el desierto, para Alberdi, era un vacio que habia que
llenar con hombres e instrumentos de la sociedad industrial, la unidad
política debería empezar por la unidad territorial.
Sarmiento también establecía la necesidad de un cambio para el progreso
económico, el desierto era un territorio a sembrar y, una vez constituido el
orden general, había que dar forma a ese inexistente ciudadano. El gobierno
republicano era el molde donde debía vaciarse una materia de criollos e
inmigrantes que vagaban sin rumbo ni sentido del bien público, lo público debía
tener primacía sobre lo privado. Según N. Botana, Sarmiento exponía a la
educación popular como un instrumento de conservación social, no porque ella
podía disuadir al pobre de cualquier ambición sino para indicarle los modos de
satisfacerla en el marco social existente, entonces el rol que pudiesen desempeñar
los pobres debe estar previamente establecido por quienes dirigen el cambio. El Estado debía promover la educación popular y
la inmigración contra la barbarie, el mundo rural y el desierto, siguiendo el
modelo norteamericano.
N. Botana sostiene que ambos intelectuales le dan sentido a la palabra
libertad en relación a una organización institucional diferente. Alberdi
interpela al habitante, es decir al individuo que necesita garantías del Estado
para el ejercicio de su actividad. La inmigración que propone significaba el “trasplante”
o instalación de una civilización ya formada (la europea). Sarmiento en cambio,
se preocupa por la igualdad que, en términos de libertad, representa la
participación en la vida política, es el ciudadano el que debe dar forma a la
república a través de sus instituciones. Por otra parte, mientras que para Sarmiento
los letrados tienen derecho a un lugar prominente en la sociedad, Alberdi
desconfiaba de la elite letrada, si bien esta elite señalaría el camino a los
grupos políticos y les revelaría donde estaban sus intereses, luego esa elite
debía desaparecer. Para Sarmiento, la elite debía dirigir esos cambios
socioeconómicos; a su vez, esos cambios se lograrían gracias al progreso
sociocultural. Respecto a la forma de gobierno Sarmiento propone una forma
federal, la convocatoria del Congreso para sancionar una Constitución, pero su
preocupación era crear ciudadanos que actúen en el espacio público mediante la
formación de municipios acercando de esta manera al ciudadano a las decisiones
públicas.
Oscar Terán[5] señala
que mientras que para Sarmiento la nación se construye desde la sociedad y
desde el estado, para Alberdi el eje debe ser el estado y el mercado. Para
Alberdi hay una escala en la que se constituyen distintos tipos de sujetos:
primero, habitantes productores luego, sujetos políticos o ciudadanos, a través
de una etapa económica, una social y otra política. Según esta perspectiva, Argentina
aún estaría en el momento económico- social, aún no ha llegado el tiempo de la
política, es decir que para ella no ha llegado el momento de efectivizar el
sufragio universal. Esta república poco republicana, en donde está abierto el espacio
de la sociedad civil (donde los habitantes desarrollan libremente sus
actividades económicas) y clausurado el de la ciudadanía (o sea, el de las
libertades políticas), es la que Alberdi llama “la república posible”,
consistente en una nación donde una élite tutela a las masas, mientras la
“educación por las cosas” difundida por la inmigración va cultivando a la
población nativa y acercándose al momento de la “República verdadera” de
sufragio universal. En cambio, el motor de la llamada “república
del interés” reside en el egoísmo, por el cual los individuos, persiguiendo la
satisfacción de su interés privado, contribuirían a la pública felicidad, se
trata, según O. Terán de una república aristocrática u oligárquica, esto es, un
régimen político no democrático donde una minoría de la fuerza, del saber, de
la virtud, del dinero o de todas esas cosas a la vez, se autoerige en
dirigencia tutelar de una población garantizándole las libertades civiles pero
manteniendo sin posibilidades de acceso a las libertades y a la participación
política. Esta concepción introduce modificaciones respecto del modo en que se
piensa la sociedad y la política en el modelo de la república de la virtud,
porque en ésta el papel del estado es dominante y es la política la que
adquiere un claro predominio dentro de las prácticas de construcción estatal.
Como se ha visto, ambos
autores plantean una visión y un camino distinto hacia la república, las
preocupaciones de Alberdi y Sarmiento por los peligros revolucionarios que
afectaban a Europa, así como también las posibles reacciones, los colocó en
situación de análisis y confección de propuestas para establecer un poder
fuerte situado por encima de las facciones. Rosas tenía el visto bueno de los
intelectuales, era aquel que realmente concentraba el poder político- Alberdi
lo veía como un mérito- ese poder era clave para la construcción de una nueva nación.
Para Sarmiento, en cambio, era necesario la integración del mercado
nacional junto a la creación de una masa letrada que motorice el consumo y el
desarrolle del mercado.
[1] Halperin
Donghi Tulio, Una Nación para el Desierto Argentino, Buenos Aires: CEAL, 1982,
pp. 29-55
[2] Halperin
Dongui destaca que Rosas es la
figura representativa de Alberdi, gran hacendado y exportador que ha hecho la
guerra para abrir su provincia de Entre Ríos el acceso al mercado ultramarino.
[3] Alberdi
Juan B., Bases, Buenos Aires: Plus Ultra, 1980
[4] Botana
Natalio, La Tradición Republicana. Buenos Aires: Sudamericana, 1984, Capítulo
VI
[5] Terán
Oscar. Historia de las ideas en la Argentina Diez lecciones iniciales,
1810-1980. Buenos Aires, 2008 Siglo XXI Editores Argentina
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