Las
ideas y la política
Historia
Argentina II
Santul María Ester
Año
2021
Oscar
Terán (2008) indica que el positivismo nació en la primera mitad del siglo XIX,
en Francia, con la filosofía de Auguste Comte que tuvo una gran influencia en
las obras del inglés Herbert Spencer. En Argentina, el positivismo se
desarrolló entre 1890 y 1910, con un legado que seguirá operando hasta inicios
del siglo XX y marcará fuertemente a la generación del 80’, sobre todo a través
de José María Ramos Mejía y de José Ingenieros.
Resulta
interesante como la obra “Psicología de las masas” de Gustave Le Bon trajo para
la elite argentina ciertas interpretaciones sobre las características de estas
multitudes. Por un lado, se los define como una entidad inconsciente e
irracional, aunque para R. Mejias fueron las masas, las multitudes, las que
tuvieron actitudes más acordes con el civismo y el patriotismo, y que desde la
época colonial las clases elevadas habían aspirado sólo a un liberalismo
egoísta, reducido a obtener beneficios personales” (Terán, pág. 134), Ramos
Mejías oponía un pasado rural y bárbaro al mundo urbano de su tiempo presente,
temía la demagogia en los lideres para explotar la ignorancia de las masas,
también veía el fenómeno inmigratorio como peligroso por la presencia del
activismo político socialista. La escuela pública era el resorte de
nacionalización de las masas y podía construir barreras ante la penetración de
ideas subversivas del orden conservador. Ramos Mejía también retomó la retórica
proveniente del darwinismo social, ideología que funcionó como una
racionalización, una justificación y una explicación seudocientífica del
derecho de los más poderosos (y a fueran naciones o clases sociales) sobre los
débiles, sin embargo, estas ideas quedaron relativizadas por el papel
transformador adjudicado a la educación y con las oportunidades de progreso
material que la Argentina ofrece en aquellos años a los extranjeros recién
llegados. Otro referente de la época es José ingenieros para quien la ciencia
tenia valor de verdad, su base de influencia teóricas eran el marxismo y el
evolucionismo spenceriano, su síntesis se denominará “bioeconomismo” que
sostiene que en la sociedad imperan
leyes que realizan una justa selección y
eliminación de los más débiles por los más fuertes, hay una base
biológica, un medio dominante y unas prácticas económicas que interactúan en la
evolución de las sociedades. La nación, según Ingenieros, no se encuentra en el
pasado sino en el porvenir; es a partir de la mezcla, con el aporte extranjero
que se construye un futuro aún indeterminado en la que surgiría una nueva
“raza” que definirá el tipo argentino. Mientras ese futuro llega, sostiene que
la clase gobernante debe entender que, ante los conflictos que se producen en
el mundo del trabajo, no debe implementarse una política coercitiva sino
consensual. Para ello es preciso atender a la educación de la clase obrera y al
mejoramiento de sus condiciones de vida. La visión de la sociedad de Ingenieros
es la siguiente: en la cima están las minorías poseedoras de ideales y del
saber científico, encargadas de liderar los cambios sociales; luego, las
multitudes honestas, productivas y mediocres, auténticos baluartes del orden, y
ambas separadas de los márgenes donde pululan los sujetos de la locura y el
delito (a veces en las vecindades del anarquismo terrorista).
Carlos
Mayo (1988) también aborda la influencia y supuestos comunes de Comte y Spencer
tales como la confianza ciega en el método científico y las ciencias como
instrumento más seguro de conocimiento, la semejanza entre sociedad y
naturaleza que pueden compartir el mismo tipo de leyes predictibles e
inevitables, ambas son orgánica y biológicamente determinadas, y que la
historia tiende, a través de una serie de etapas sucesivas o de un proceso
evolutivo, hacia el progreso. El Positivismo incluye el cientificismo. el
naturalismo y el evolucionismo. Según mayo las ideas de Spencer se convirtieron
en “doctrinas” para los referentes del mundo político que también estaban
guiados por el liberalismo que buscaban impulsar reformas en el marco de la
“misión civilizadora” en búsqueda del “progreso” visto como “el desenlace feliz
y fatal de un proceso de violenta ruptura con el pasado hispánico”. Sin
embargo, también había opositores. Para la iglesia el naturalismo o positivismo
y el liberalismo eran consideradas como una “epidemia catastrófica que amenaza
el placido reinado de la fe”.
Según
Carlos Mayo, la administración del General julio A. Roca (1880- 1886) marcaria el
inicio del reinado de Spencer en la política argentina. A través de Juárez
Celman, el cientificismo positivista, promovió el control estatal de la
educación, apoyó la ley de registro civil, participó activamente en el debate
que provoco el proyecto de matrimonio civil, apoyó la apertura de la economía y
el control de los ferrocarriles por el capital extranjero. La filosofía
Spenceriana se abrió camino en los medios académicos, el pensamiento
positivista se difundió a través de la facultad de Filosofía y Letras, en el
campo de la sociología, psicología e historia. También las ideas de Spencer
aparecieron mezcladas con ideas socialistas.
Como
se señaló anteriormente este periodo se caracteriza por el enfrentamiento entre
la iglesia y Spencer “al Evangelio de Jesús le contestaron con el Evangelio de
Spencer” arguye C. Mayo. Por un lado, se cuestionó la libertad de culto y, por
otro, que la escuela pública enseñara la religión católica en forma coercitiva
y excluyente. Se apoyaba el control de la educación por el Estado, pero esto
contradecía al propio Spencer que exponía lo contrario respecto al rol del
Estado. Ciertamente nuestro país adaptó las ideas según las necesidades del
momento y no hay que omitir que Sarmiento venia apoyando el carácter estatal de
la educación desde tiempo atrás. Otro
logro fue el proyecto de divorcio, mientras que, para la historiografía
católica, el choque ponía de manifiesto el anticlericalismo y la animosidad de
un liberalismo sectario, acicateado por la masonería, opuesto a la religión,
para los historiadores liberales, por el contrario, los enfrentamientos
evidenciaban el sectarismo de la Iglesia que se aferraba a los privilegios
constitucionales heredados de la cristiandad colonial para detener el camino
del progreso. Según Diego Mauro (2016)
la década de 1880 fue contundente pero la cuestión religiosa no tuvo la fuerza
suficiente para dar vida a un partido conservador o clerical de envergadura
opuesto al Partido Autonomista Nacional, los sucesivos conflictos
jurisdiccionales que se sucedieron en los años ochenta sugieren que el derecho
de patronato fue considerado por los principales referentes del PAN como una
potestad soberana cuyo ejercicio era necesario para la consolidación del Estado
Nacional. Como demuestran las intervenciones de Wilde, Costa y otros referentes
del roquismo y, del gobierno de Celman, el proyecto que animaban se basada en
una concepción de índole galicana de la Iglesia, sostenida en el derecho de
patronato más que en la idea de impulsar la separación. Los conflictos por el
presupuesto asignado a los seminarios evidenciaban una misma matriz galicana:
el gobierno no amenazó con la separación y sólo exigió regular los contenidos
de los programas de estudio con el objetivo de formar clérigos patriotas que
enseñaran la obediencia a la ley. Para Mauro, los límites al ejercicio del patronato provinieron más que de la difusión de ideas liberales en
materia religiosa de la intransigencia
de las jerarquías eclesiásticas. En definitiva, el catolicismo se constituyó en
la religión oficial, pudo expandir sus estructurales eclesiásticas y las
congregaciones religiosas dieron vida a numerosas instituciones educativas.
Incluso en las regiones más alejadas de los centros de la Argentina agroexportadora,
el desarrollo de las estructuras eclesiásticas —reconocido constitucionalmente
en el artículo 67 que impulsaba la catolización del indígena— también fue
decididamente apoyado por los diferentes gobiernos.
Otras
ideas a considerar, y abordadas por Oscar Terán (2008) es la del modernismo que
concentró el espíritu de fin de siglo; este modernismo criticó el exceso de
“civilización” y los aspectos negativos de la modernidad, de la ciencia y la
filosofía positivista. No solo se desprecia los valores pragmáticos sino
también la figura del burgués caracterizado como el “nuevo rico”, argumentando
que carece de linaje y que acumuló más rápido dinero que educación y
refinamiento. Se habla de un idealismo antieconomicista como forma de
resistencia al avance del liberalismo económico y de la ideología burguesa. En
la figura de distintos intelectuales O. Terán plantea una búsqueda de identidad
nacional para enfrentar los cambios sociopolíticos. Cada intelectual se verá
así mismo con un rol importante respecto a los cambios, en definitiva, se
muestran los distintos matices en esta construcción discursivas con un impacto
importante en la realidad argentina.
Bibliografía
• Terán Oscar, Historia de las ideas en
la Argentina. Diez lecciones iniciales, 1810-1980, Buenos Aires, Ed. Siglo XXI,
2008, Cap.5 y 6, pp. 127-154 y 155-189.
• Mayo Carlos y García Molina Fernando:
El positivismo en la política argentina (1880-1906), Buenos Aires, CEAL, 19,
1988.
• Mauro, Diego: Los
"liberales" argentinos y la cuestión religiosa. El Partido
Autonomista Nacional y los conflictos en torno al ejercicio del Patronato en la
década de 1880. Bs. As., Revista Ariadna histórica. Lenguajes, conceptos,
metáforas, N°5, 2016, pp. 45-67. Disponible en línea:
http://biblioteca.puntoedu.edu.ar/bitstream/handle/2133/16256/CONICET_Digital_Nro.19ab6b8b-7e6a-43b3-9ce5-ae27d34809d6_A.pdf?sequence=3&isAllowed=y
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