lunes, 21 de marzo de 2022

Las ideas y la politica. TP2 Historia Argentina II

 

Las ideas y la política

Historia Argentina II

Santul María Ester

Año 2021

 

Oscar Terán (2008) indica que el positivismo nació en la primera mitad del siglo XIX, en Francia, con la filosofía de Auguste Comte que tuvo una gran influencia en las obras del inglés Herbert Spencer. En Argentina, el positivismo se desarrolló entre 1890 y 1910, con un legado que seguirá operando hasta inicios del siglo XX y marcará fuertemente a la generación del 80’, sobre todo a través de José María Ramos Mejía y de José Ingenieros.

Resulta interesante como la obra “Psicología de las masas” de Gustave Le Bon trajo para la elite argentina ciertas interpretaciones sobre las características de estas multitudes. Por un lado, se los define como una entidad inconsciente e irracional, aunque para R. Mejias fueron las masas, las multitudes, las que tuvieron actitudes más acordes con el civismo y el patriotismo, y que desde la época colonial las clases elevadas habían aspirado sólo a un liberalismo egoísta, reducido a obtener beneficios personales” (Terán, pág. 134), Ramos Mejías oponía un pasado rural y bárbaro al mundo urbano de su tiempo presente, temía la demagogia en los lideres para explotar la ignorancia de las masas, también veía el fenómeno inmigratorio como peligroso por la presencia del activismo político socialista. La escuela pública era el resorte de nacionalización de las masas y podía construir barreras ante la penetración de ideas subversivas del orden conservador. Ramos Mejía también retomó la retórica proveniente del darwinismo social, ideología que funcionó como una racionalización, una justificación y una explicación seudocientífica del derecho de los más poderosos (y a fueran naciones o clases sociales) sobre los débiles, sin embargo, estas ideas quedaron relativizadas por el papel transformador adjudicado a la educación y con las oportunidades de progreso material que la Argentina ofrece en aquellos años a los extranjeros recién llegados. Otro referente de la época es José ingenieros para quien la ciencia tenia valor de verdad, su base de influencia teóricas eran el marxismo y el evolucionismo spenceriano, su síntesis se denominará “bioeconomismo” que sostiene que  en la sociedad imperan leyes que realizan una justa selección y  eliminación de los más débiles por los más fuertes, hay una base biológica, un medio dominante y unas prácticas económicas que interactúan en la evolución de las sociedades. La nación, según Ingenieros, no se encuentra en el pasado sino en el porvenir; es a partir de la mezcla, con el aporte extranjero que se construye un futuro aún indeterminado en la que surgiría una nueva “raza” que definirá el tipo argentino. Mientras ese futuro llega, sostiene que la clase gobernante debe entender que, ante los conflictos que se producen en el mundo del trabajo, no debe implementarse una política coercitiva sino consensual. Para ello es preciso atender a la educación de la clase obrera y al mejoramiento de sus condiciones de vida. La visión de la sociedad de Ingenieros es la siguiente: en la cima están las minorías poseedoras de ideales y del saber científico, encargadas de liderar los cambios sociales; luego, las multitudes honestas, productivas y mediocres, auténticos baluartes del orden, y ambas separadas de los márgenes donde pululan los sujetos de la locura y el delito (a veces en las vecindades del anarquismo terrorista).

Carlos Mayo (1988) también aborda la influencia y supuestos comunes de Comte y Spencer tales como la confianza ciega en el método científico y las ciencias como instrumento más seguro de conocimiento, la semejanza entre sociedad y naturaleza que pueden compartir el mismo tipo de leyes predictibles e inevitables, ambas son orgánica y biológicamente determinadas, y que la historia tiende, a través de una serie de etapas sucesivas o de un proceso evolutivo, hacia el progreso. El Positivismo incluye el cientificismo. el naturalismo y el evolucionismo. Según mayo las ideas de Spencer se convirtieron en “doctrinas” para los referentes del mundo político que también estaban guiados por el liberalismo que buscaban impulsar reformas en el marco de la “misión civilizadora” en búsqueda del “progreso” visto como “el desenlace feliz y fatal de un proceso de violenta ruptura con el pasado hispánico”. Sin embargo, también había opositores. Para la iglesia el naturalismo o positivismo y el liberalismo eran consideradas como una “epidemia catastrófica que amenaza el placido reinado de la fe”.

Según Carlos  Mayo, la administración del General julio A. Roca (1880- 1886) marcaria el inicio del reinado de Spencer en la política argentina. A través de Juárez Celman, el cientificismo positivista, promovió el control estatal de la educación, apoyó la ley de registro civil, participó activamente en el debate que provoco el proyecto de matrimonio civil, apoyó la apertura de la economía y el control de los ferrocarriles por el capital extranjero. La filosofía Spenceriana se abrió camino en los medios académicos, el pensamiento positivista se difundió a través de la facultad de Filosofía y Letras, en el campo de la sociología, psicología e historia. También las ideas de Spencer aparecieron mezcladas con ideas socialistas.

Como se señaló anteriormente este periodo se caracteriza por el enfrentamiento entre la iglesia y Spencer “al Evangelio de Jesús le contestaron con el Evangelio de Spencer” arguye C. Mayo. Por un lado, se cuestionó la libertad de culto y, por otro, que la escuela pública enseñara la religión católica en forma coercitiva y excluyente. Se apoyaba el control de la educación por el Estado, pero esto contradecía al propio Spencer que exponía lo contrario respecto al rol del Estado. Ciertamente nuestro país adaptó las ideas según las necesidades del momento y no hay que omitir que Sarmiento venia apoyando el carácter estatal de la educación desde tiempo atrás.  Otro logro fue el proyecto de divorcio, mientras que, para la historiografía católica, el choque ponía de manifiesto el anticlericalismo y la animosidad de un liberalismo sectario, acicateado por la masonería, opuesto a la religión, para los historiadores liberales, por el contrario, los enfrentamientos evidenciaban el sectarismo de la Iglesia que se aferraba a los privilegios constitucionales heredados de la cristiandad colonial para detener el camino del progreso.  Según Diego Mauro (2016) la década de 1880 fue contundente pero la cuestión religiosa no tuvo la fuerza suficiente para dar vida a un partido conservador o clerical de envergadura opuesto al Partido Autonomista Nacional, los sucesivos conflictos jurisdiccionales que se sucedieron en los años ochenta sugieren que el derecho de patronato fue considerado por los principales referentes del PAN como una potestad soberana cuyo ejercicio era necesario para la consolidación del Estado Nacional. Como demuestran las intervenciones de Wilde, Costa y otros referentes del roquismo y, del gobierno de Celman, el proyecto que animaban se basada en una concepción de índole galicana de la Iglesia, sostenida en el derecho de patronato más que en la idea de impulsar la separación. Los conflictos por el presupuesto asignado a los seminarios evidenciaban una misma matriz galicana: el gobierno no amenazó con la separación y sólo exigió regular los contenidos de los programas de estudio con el objetivo de formar clérigos patriotas que enseñaran la obediencia a la ley.  Para Mauro, los límites al ejercicio del patronato provinieron  más que de la difusión de ideas liberales en materia religiosa  de la intransigencia de las jerarquías eclesiásticas. En definitiva, el catolicismo se constituyó en la religión oficial, pudo expandir sus estructurales eclesiásticas y las congregaciones religiosas dieron vida a numerosas instituciones educativas. Incluso en las regiones más alejadas de los centros de la Argentina agroexportadora, el desarrollo de las estructuras eclesiásticas —reconocido constitucionalmente en el artículo 67 que impulsaba la catolización del indígena— también fue decididamente apoyado por los diferentes gobiernos.

Otras ideas a considerar, y abordadas por Oscar Terán (2008) es la del modernismo que concentró el espíritu de fin de siglo; este modernismo criticó el exceso de “civilización” y los aspectos negativos de la modernidad, de la ciencia y la filosofía positivista. No solo se desprecia los valores pragmáticos sino también la figura del burgués caracterizado como el “nuevo rico”, argumentando que carece de linaje y que acumuló más rápido dinero que educación y refinamiento. Se habla de un idealismo antieconomicista como forma de resistencia al avance del liberalismo económico y de la ideología burguesa. En la figura de distintos intelectuales O. Terán plantea una búsqueda de identidad nacional para enfrentar los cambios sociopolíticos. Cada intelectual se verá así mismo con un rol importante respecto a los cambios, en definitiva, se muestran los distintos matices en esta construcción discursivas con un impacto importante en la realidad argentina.

 

Bibliografía

          Terán Oscar, Historia de las ideas en la Argentina. Diez lecciones iniciales, 1810-1980, Buenos Aires, Ed. Siglo XXI, 2008, Cap.5 y 6, pp. 127-154 y 155-189.

 

          Mayo Carlos y García Molina Fernando: El positivismo en la política argentina (1880-1906), Buenos Aires, CEAL, 19, 1988.

 

          Mauro, Diego: Los "liberales" argentinos y la cuestión religiosa. El Partido Autonomista Nacional y los conflictos en torno al ejercicio del Patronato en la década de 1880. Bs. As., Revista Ariadna histórica. Lenguajes, conceptos, metáforas, N°5, 2016, pp. 45-67. Disponible en línea:

http://biblioteca.puntoedu.edu.ar/bitstream/handle/2133/16256/CONICET_Digital_Nro.19ab6b8b-7e6a-43b3-9ce5-ae27d34809d6_A.pdf?sequence=3&isAllowed=y

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