Según Trigger las Ciudades Estados
adoptaron, desde el punto vista social, la forma de una red cuyas elites
compitieron una con otra, a menudo militarmente, para controlar territorios,
rutas comerciales y recursos. Cada ciudad-estado tenía un territorio
relativamente pequeño y una ciudad capital, que estaba encerrada por una
muralla, esta forma estatal podía tener un número pequeño de centros así
también como numerosas poblaciones de granjas y aldeas, sus centros urbanos
tendieron a ser comunidades relativamente grandes con poblaciones. En cambio,
el Estado territorial que constituye otra forma estatal, desarrolló una
jerarquía de centros a nivel local, provincial y nacional pero esos centros
urbanos tendieron a tener pequeñas poblaciones. Los centros estaban habitados
casi exclusivamente por la clase gobernante y por los administradores artesanos
especializados y la gente que los servía.
Desde el punto de vista económico las
Ciudades Estados como los estados territoriales tenían mano de obra
especializada, producían intercambios de excedentes y había una división social
del trabajo.
Desde el punto de vista político, las
Ciudades Estados tenían un control indirecto del poder y del pago de impuestos.
No fue así con el estado territorial que tenía un control centralizado del
poder a través del control de Estados conquistados y se impuso el impuesto
intraestatal base del financiamiento de las actividades del gobierno central,
en este caso, el estado se sostenía a través de grandes burocracias para
asegurar la recolección de impuestos, se produjo y se administró excedentes de
alimentos y el trabajo de una gran cantidad de personas lo que les permitió
emprender proyectos a gran escala.
Ambas formas estatales contaron con un
sistema de escritura, Cuneiforme en el caso de las ciudades estados y
jeroglífico en los egipcios. Ambos contaban con un dios que actuaba como
protector, a la cabeza.
Tablilla con una de las escrituras cuneiformes más tempranas
Jeroglíficos inscritos en el obelisco de [Hatshepsut] erigido
en el templo de Karnak.
PARENTESCO Y ANCESTRALIDAD
Según Campagno parentesco y estado se presentan en la antigua sociedad
egipcia como los ejes de articulación social por excelencia. Se trata de
prácticas que producen el lazo social. El liderazgo se define en función de la
posición generacional de los jefes o bien la descendencia que los conecta con
el ancestro fundador de la comunidad. Ideológicamente los integrantes actuales
de la comunidad descienden de un antepasado común. El sistema de parentesco
evoca tres tipos de relaciones: alianza, filiación, hermandad/colateralidad. La relación de alianza tiene que ver con los vínculos entre individuos de
sexo opuesto procedente de distintos grupos por la vía del matrimonio. La
filiación refiere a los parientes en línea directa ascendente. Respecto a
las relaciones de hermandad hace referencia a la condición de hermano/hermana
El
parentesco egipcio antiguo resulta ser un sistema simétrico (los mismos
términos se aplican a los parientes paternales y maternales) y bilateral. Tales
características inciden en los criterios de herencia socialmente vigentes. Al parecer
hombres y mujeres fueron herederos de ambos progenitores
Campagno también hace referencia al principio de ancestralidad que se basa en la creencia de que todos los miembros de una comunidad descienden de un antepasado común (que puede ser tanto real, como ficticio o sobrenatural), lo que permite a la aldea trazar los lazos sociales entre sí en términos de parentesco que se constituye como un sistema social dominante, mediante el cual se expresan las relaciones sociales de los hombres entre sí y con su pasado comunal. Los términos de parentesco no sólo conectaban al monarca con su entorno humano sino también con el mundo divino, a través de su condición filial. Es rey es un ser divino, hijo de otros ser divino, su padre.
El
liderazgo, en este tipo de sociedades se definió en función de la posición
generacional de los jefes o bien de la descendencia que los conecta de manera
directa con el ancestro fundador de la comunidad.
El
sistema parental ordena y codifica los roles sociales y la interacción entre
los individuos que conforman una comunidad en base a la reciprocidad. Estas
sociedades suelen estar formadas por grupos familiares nucleares y extensos que
conviven e interactúan en un espacio en común marcado por relaciones sociales reciprocitarias
(ya que fuera de ellas se encuentran los “otros” con los que no se relacionan
por parentesco). Así, la reciprocidad se convierte en el principio que
establece las normas sociales que guían el comportamiento entre los individuos,
o sea que el parentesco se ocupa de sancionar las relaciones que se esperan de
las personas dentro de la sociedad a través de la reciprocidad, entre otros
mecanismos.
En
este sistema se cree que todos los miembros de una comunidad descienden de un
antepasado común (que puede ser tanto real, como ficticio o sobrenatural), lo
que permite trazar lazos sociales entre sí, se plantea relaciones sociales de
los hombres entre sí y con su pasado comunal.
Los términos de parentesco no sólo conectaban al monarca con su entorno
humano sino también con el mundo divino, a través de su condición filial. Es
rey es un ser divino, hijo de otros ser divino, su padre.
El
parentesco egipcio antiguo resulta ser un sistema simétrico (con parientes
paternales y maternales) y bilateral (la filiación de ego se traza tanto
respecto de la parentela del padre como de la madre). Esas características
inciden en criterios de herencia: tanto hombres como mujeres podían heredar de
ambos progenitores. Respecto a la residencia, cada nueva pareja constituía una
nueva familia nuclear y construía una nueva casa
a- A partir de los cementerios predinásticos se ha podido analizar la
distribución del espacio que determina la existencia de diversos agrupamientos
de tumbas en las necrópolis lo cual reflejaría la existencia de grupos clánicos
o familiares
También
hay indicios que hace sospechar la existencia de un mismo principio subyacente a
la organización del espacio funerario y residencia predinástico. Se advierte
cierto paralelismo entre el formato de las tumbas y de las viviendas, que para
ambas es redondeados y oval en las fases más antiguas y que registra la
aparición de formas rectangulares en épocas más recientes.
Según
Godelier el mundo no estatal suele definirse no en función de sus integrantes
vivos en un momento determinado sino “como conjunto de los antepasados muertos
y de sus descendientes vivos o por nacer”
de modo que la comunidad aparece como una realidad superior a los
individuos como el factor de unidad entre los individuos y entre las
generaciones. Se observa que la continuidad en las formas de la morada de los vivos
y de sus antepasados muertos corresponde a la permanencia simbólica de los
parientes muertos en el ámbito de la comunidad, los lazos parentales persisten
por sobre la desaparición física de los individuos: los muertos reciben un
trato similar al que reciben los vivos
La
participación de los parientes muertos en el mundo de sus descendientes vivos
también se manifiesta en la relación con las ofrendas para los difuntos
depositadas en el interior de las tumbas. Esas ofrendas eran colocadas con el
objeto de los difuntos pudieran continuar practicando sus actividades vitales
en el mundo de ultratumba. La muerte no disolvía los vínculos con la comunidad,
tampoco liberaba de la sociabilidad ni de las obligaciones parentales…por ello
el difunto podía seguir participando de los circuitos de reciprocidad propias
de las normas de parentesco
Tanto
la distribución del espacio mortuorio como las homologías entre las formas de
las tumbas y de las viviendas y de los principios que subyacen a la colocación
de ofrendas son indicativos de una función ampliada de la práctica de
parentesco en el Nilo.
FUENTES (Cátedra Antiguo Oriente, FHCS, Comodoro Rivadavia, 2019)





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